27 octubre 2026

¿Quieres comunicar mejor? No te conformes con tu experiencia

Oscar LeónPor Óscar Fernández León
TWITTER @oscarleon_abog

Llevar muchos años ejerciendo la abogacía no significa necesariamente que hayamos aprendido a comunicarnos mejor. Es cierto que la experiencia nos proporciona seguridad, soltura y recursos para afrontar situaciones complejas. Sin embargo, también puede ocurrir que, con el paso del tiempo, nos acostumbremos a una determinada forma de expresarnos y terminemos repitiendo errores que nadie nos ha señalado y que nosotros mismos somos incapaces de advertir.

Y es que la experiencia transmite mucho, pero no siempre nos enseña todo lo que necesitamos saber.

Esta reflexión me parece especialmente oportuna tras las recientes Jornadas Técnicas de Formación de la Abogacía celebradas en Cádiz, donde, entre otras materias, se abordó la oratoria presencial y telemática. La comunicación sigue siendo una de las herramientas fundamentales de nuestra profesión, aunque no siempre le dedicamos la atención que merece una vez superados los primeros años de ejercicio.

Pensemos, por ejemplo, en un abogado que lleva veinte años informando ante los tribunales. Probablemente se desenvuelva con naturalidad, conozca bien los tiempos procesales y sepa reaccionar ante determinadas incidencias. Pero ¿significa eso que estructura correctamente sus intervenciones, utiliza bien la voz, escucha con atención o sabe captar el interés de quien lo escucha? No necesariamente.

Por eso considero que los abogados deberíamos seguir formándonos en comunicación durante toda nuestra vida profesional.

La asistencia a cursos y talleres de oratoria constituye una magnífica oportunidad para conocer nuevas técnicas y revisar nuestra manera de intervenir. Y no hablo únicamente de aprender a pronunciar un buen informe oral. También necesitamos mejorar nuestra capacidad de argumentación, la comunicación con los clientes, la negociación y, naturalmente, el interrogatorio.

Otra práctica que siempre recomiendo es la lectura de libros sobre comunicación. Existen obras excelentes sobre retórica, persuasión, lenguaje no verbal y técnicas de exposición oral. Muchas de sus enseñanzas pueden trasladarse al ejercicio de la abogacía con pequeñas adaptaciones.

También podemos aprender mucho observando a los grandes comunicadores. Hoy tenemos a nuestra disposición innumerables conferencias, entrevistas y discursos que podemos visualizar y analizar con detenimiento. Merece la pena fijarse en cómo comienzan sus intervenciones, cómo emplean las pausas, qué hacen para mantener la atención o de qué manera consiguen transmitir ideas complejas con sencillez.

Y, por supuesto, aconsejo asistir a juicios como espectadores. Siempre he defendido esta práctica porque permite observar a otros compañeros desde una perspectiva distinta a la que tenemos cuando somos nosotros quienes intervenimos. Veremos actuaciones brillantes, otras menos acertadas y, en ambos casos, encontraremos enseñanzas aprovechables.

Hay otra cuestión a la que concedo especial importancia: aprender a escuchar. A veces estamos tan pendientes de lo que vamos a decir que dejamos de prestar atención a nuestro interlocutor. Esto resulta particularmente perjudicial durante el interrogatorio de testigos, donde una respuesta inesperada puede ofrecernos información mucho más valiosa que la siguiente pregunta de nuestro cuestionario.

Tampoco deberíamos olvidarnos de examinar nuestras propias intervenciones. Después de un juicio, una negociación o una reunión importante, merece la pena dedicar unos minutos a pensar qué hemos hecho bien y qué podríamos mejorar. Grabarnos durante un ensayo puede resultar revelador. Y todavía más útil puede ser pedir a un compañero o a una persona de confianza que nos observe y nos señale esos pequeños defectos que nosotros no percibimos: las muletillas, la rapidez excesiva al hablar, los gestos repetitivos o la falta de contacto visual. No siempre resulta agradable escuchar estas observaciones, pero suelen ser muy provechosas.

Finalmente, creo que debemos aprovechar cualquier ocasión para practicar. No hace falta esperar al próximo juicio. Una reunión de despacho, una presentación o una conversación profesional pueden servirnos para trabajar la claridad, la capacidad de síntesis o la escucha.

Después de muchos años de ejercicio, sigo descubriendo aspectos de mi comunicación que puedo mejorar. Y eso me confirma algo que considero fundamental: la experiencia es una gran maestra, pero solo aprovechamos plenamente sus enseñanzas cuando mantenemos la disposición a seguir aprendiendo.

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