09 junio 2026

La ketamina se abre paso en Europa pese al estigma y la incertidumbre legal

Por Javier Lorente
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Durante los últimos años, la ketamina ha pasado de ser un anestésico ampliamente utilizado a convertirse en una de las sustancias más debatidas en el ámbito de la salud mental. Su creciente presencia en investigaciones clínicas convive con episodios mediáticos que han influido en la percepción pública.

La muerte del actor Matthew Perry, asociada por muchos medios al abuso de ketamina, reavivó la controversia sobre los usos fuera del contexto médico y contribuyó a una mala prensa de la sustancia. Aunque este caso no refleja las condiciones de los tratamientos terapéuticos supervisados, ha reforzado la idea de que la ketamina habita un terreno ambiguo entre riesgo, estigma y potencial terapéutico.

Un medicamento legal con estrictas limitaciones comunicativas

En España, la ketamina es un medicamento legal autorizado para uso anestésico. En salud mental se utiliza mediante uso compasivo u “off-label”, especialmente en cuadros de depresión resistente, siempre tras haber agotado otras alternativas y bajo supervisión profesional.

Al mismo tiempo, se trata de una sustancia psicotrópica fiscalizada, de modo que su posesión, distribución o consumo fuera del ámbito sanitario autorizado es ilegal. El resultado es un estatus dual: herramienta terapéutica en entornos clínicos muy controlados, pero sustancia prohibida en el contexto recreativo.

A este escenario se suma un elemento jurídico clave: la normativa española prohíbe la publicidad dirigida al público de medicamentos sujetos a prescripción médica. Eso incluye cualquier producto que contenga ketamina. En la práctica significa que clínicas y profesionales no pueden “promocionar” tratamientos con ketamina al público general. Pueden informar, pero no publicitar ni presentar la terapia como una solución accesible o atractiva para captar pacientes.

El espíritu del legislador es claro: evitar que medicamentos con riesgos importantes se banalicen o se presenten como producto de consumo. Esta lógica cobra especial relevancia en salud mental, donde la demanda es alta y la vulnerabilidad de las personas que buscan alternativas terapéuticas suele ser considerable.

Sin embargo, el panorama regulatorio español comienza a moverse. Prueba de ello es que el pasado el 13 de febrero de 2026 se celebró en la Sala Ernest Lluch del Congreso de los Diputados una jornada titulada Terapias Asistidas con Psicodélicos (TAP). El evento fue organizado por la Fundación Inawe y la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (SEMPsi).

Lo que dice la evidencia: 60 años de ketamina en psiquiatría

Parte de la confusión actual se debe a que la ketamina ha tenido una historia larga y cambiante. El editorial “A long, strange trip: Ketamine treatment in psychiatry”, publicado en Journal of Psychopharmacology por el reconocido científico David Nutt y colaboradores, repasa precisamente estos 60 años de recorrido.

Los autores recuerdan cómo la ketamina se introdujo en los años sesenta como anestésico más seguro que la fenciclidina, y cómo se utilizó masivamente en contextos de guerra por su amplio margen de seguridad y su capacidad analgésica. Más tarde, describen los primeros usos en psiquiatría en los años setenta y ochenta, cuando algunos clínicos aprovecharon sus efectos disociativos y psicodélicos en combinación con psicoterapia para tratar neurosis, trastornos de personalidad y adicciones.

El artículo resume también cómo, tras un periodo de relativa marginalidad, la ketamina ha resurgido en las últimas décadas como tratamiento rápido para la depresión resistente y la ideación suicida, apoyada por ensayos clínicos y estudios observacionales. David Nutt y sus coautores destacan la importancia de entender no solo el efecto farmacológico (bloqueo del receptor NMDA, glutamato, neuroplasticidad), sino también el papel de la experiencia subjetiva y del contexto terapéutico.

En su conclusión, abogan por integrar estas dos dimensiones —biomédica y experiencial— en lugar de reducir la ketamina a una simple “inyección antidepresiva” o, en el extremo opuesto, a una experiencia psicodélica sin estructura clínica. Subrayan, además, la necesidad de auditorías de la práctica real y de estudios más sistemáticos sobre modelos de ketamina asistida con psicoterapia.

Europa mira a la terapia asistida con psicodélicos

La ketamina no es la única sustancia implicada en este cambio de paradigma. El artículo “Current perspectives on psychedelic treatments in Europe”, publicado en The Lancet Regional Health – Europe, analiza el panorama europeo de la terapia asistida con psicodélicos, incluyendo ketamina, psilocibina o MDMA.

La mencionada publicación científica revisa cómo distintos países europeos están empezando a regular y organizar estos tratamientos. Los autores describen iniciativas en Suiza, Alemania o la República Checa, donde se exploran modelos regulados de acceso, y señalan que, aunque el acceso sigue siendo limitado, el movimiento hacia un uso supervisado y regulado es cada vez más visible.

El artículo plantea también el debate de fondo: ¿son estos compuestos simplemente fármacos, o son más bien catalizadores de procesos psicoterapéuticos? A partir de esta pregunta, los autores defienden un enfoque integrador que tenga en cuenta los mecanismos neurobiológicos (como la neuroplasticidad y la apertura de “ventanas críticas” de cambio), la experiencia subjetiva del paciente y el contexto psicoterapéutico y relacional en el que se administra la sustancia.

Por último, subrayan dos elementos que encajan de lleno con el debate jurídico: la fragmentación regulatoria entre países y las dificultades para diseñar modelos de atención escalables, seguros y éticamente sólidos. La existencia de ensayos públicos como EPIsoDE o PsyPal se presenta como ejemplo de cómo pueden articularse estos tratamientos dentro de marcos rigurosos de investigación y supervisión.

Nuevas prácticas clínicas: entre la innovación y la incertidumbre

En paralelo a este desarrollo científico y regulatorio, han empezado a consolidarse prácticas clínicas especializadas. Equipos formados por psiquiatras, anestesistas y psicoterapeutas diseñan protocolos que integran tres pilares: selección estricta de pacientes, administración controlada de ketamina y apoyo psicoterapéutico antes y después de cada sesión.

En Barcelona, la apertura en 2022 de Clínica Synaptica, la primera clínica de terapia asistida con ketamina de la ciudad, ilustra este proceso de profesionalización. Su enfoque —que combina cribaje psiquiátrico, monitorización médica, acompañamiento psicológico y criterios de seguridad alineados con estándares internacionales— refleja la voluntad de situar estas intervenciones en un terreno claramente clínico y no comercial.

No obstante, la falta de un marco específico deja cuestiones abiertas: ¿qué requisitos formativos deberían exigirse a los equipos que ofrecen estas terapias? ¿Cómo se establece la responsabilidad profesional en caso de efectos adversos? ¿Qué mecanismos de auditoría o registro deberían implementarse para garantizar calidad y trazabilidad?

Un mosaico europeo y una oportunidad regulatoria

Europa muestra hoy un mosaico de enfoques: algunos países permiten el uso clínico con escasas guías oficiales, otros se mantienen en posiciones muy restrictivas y otros exploran vías intermedias. Esta diversidad dificulta la creación de estándares comunes, pero también ofrece un laboratorio natural de modelos regulatorios.

La ketamina, en este escenario, representa un caso particularmente interesante: es un medicamento conocido, relativamente accesible y con un historial largo de uso médico, pero cuyo potencial en salud mental abre preguntas nuevas sobre cómo regular la intersección entre fármaco, experiencia subjetiva y psicoterapia.

España, con un sistema sanitario robusto y una comunidad científica cada vez más implicada en este campo, tiene la oportunidad de liderar un debate regulatorio que vaya más allá de la mera tolerancia del uso compasivo. Ello requeriría, entre otras cosas, clarificar el marco para la terapia asistida con ketamina, establecer condiciones claras para la formación de profesionales y mantener las restricciones a la publicidad sin impedir una información veraz y responsable.

La pregunta ya no es si la ketamina y otras terapias asistidas con psicodélicos formarán parte del arsenal terapéutico en Europa, sino cómo y bajo qué reglas se integrarán en los sistemas de salud. El reto será encontrar el equilibrio entre proteger a los pacientes, evitar abusos y permitir que la innovación basada en evidencia científica tenga un espacio legítimo y bien regulado.

 

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