20 febrero 2024

El jugador de póker que esconde todo abogado

José Ramón Chaves Por José Ramón Chaves
TWITTER @kontencioso

Los litigios son cosa seria. Sin embargo, el arte de la defensa jurídica tiene sus analogías con el juego del ajedrez, aunque la mayoría de los abogados considerarían que existe mayor parentesco con el póker. Y ello, porque el ajedrez parte de una posición de igualdad de los contendientes en cuanto a piezas y posibles movimientos, lo que no existe en la mesa de póquer, donde son diferentes las cartas de partida.

Aunque no soy jugador de póker (ni por supuesto recomiendo excesos con tal juego) este juego de naipes otorga gran valor a la comunicación entre las partes, a la estrategia de la conducta y a la valoración de riesgos. Veamos las analogías con la abogacía.

De entrada, al margen de la suerte de cada uno, de la experiencia y talento, hay que conocer las reglas del juego, porque el desconocimiento supone la pérdida de la partida y de la reputación.

Así, el abogado debe conocer las reglas deontológicas y profesionales, así como las normas procesales porque, por mucha razón y justicia que le asista, si no sabe de órganos jurisdiccionales, competencias, formas y plazos, saldrá escaldado del proceso.

Tras dominar las reglas forenses esenciales, y al igual que en el póker impera la necesidad de tomar decisiones sobre la información que le dan sus cartas, el abogado sabe que su misión es evaluar el conflicto según los datos y pruebas suministradas por su cliente, hacer un pronóstico de viabilidad de sus intereses, y decidir asumir el riesgo, que en unos casos se tratará de una negociación previa y en otros casos, de un litigio.

Una vez enfrascados en el juego, como en el litigio, hay enfrentamiento indisimulado entre las partes. Cada abogado conoce sus cartas y no las muestra a los demás hasta que llega el momento. Es entonces cuando debe tener clara la apuesta en juego. Normalmente se tratará de la cuantía del litigio o pretensión exigida al juez, que requiere el primer movimiento del demandante, mientras que el demandado puede aquietarse o forzar mayor apuesta, mediante la réplica y la dúplica o la reconvención.

Las cartas del se exhiben cuando demanda o contesta y consisten en las normas jurídicas y los medios de prueba disponibles, aunque no todas las normas tienen el mismo rango ni los medios de prueba la misma fuerza probatoria.

Unos simplísimos ejemplos. Si alguien invoca un reglamento y el oponente la Ley, éste gana. Si alguien aduce un medio de prueba de fuerza de convicción mínima (testigo) y el contrario un medio de prueba de convicción máxima (perito o documental fehaciente) éste gana. Pero no todo se juega a una carta sino que concurren distintos tipos de normas y distintos medios de prueba, cuyo valor depende de la combinación conjunta o de la habilidad en usarlos. Así, alguien puede contar con varios testigos que venzan lo que se deduce de un solo documento privado del contrario o a la inversa, varios documentos privados pueden aplastan un solitario testimonio. Es más, incluso cabe que un letrado “descarte” testigos o peritos porque cree que no le serán útiles o si sospecha que el contrario aprovechará sus debilidades.

Importa mucho el desarrollo de la contienda, pues cuando tiene lugar la vista oral, el juez asiste a los alegatos de los letrados y a sus gestos al interrogar peritos o testigos, o recibir sus respuestas, situación en la que es importante para cada abogado mantener la cara de póquer cuando algo disgusta o no favorece, o incluso jugar de farol y afirmar con satisfacción en sus alegatos o conclusiones que se ha demostrado que le asiste la razón.

Es curioso que los expertos en póker ofrecen consejos útiles para la defensa jurídica:

– No basta tener buen juego para vencer: hay que contar con el fallo del contrario. De forma similar, en la abogacía hay que contar con que se enfrenta a otro profesional, cuyos errores pueden ser la victoria contraria, o a la inversa.
– No confíes en tu buena suerte (los jugadores del oeste bromeaban diciendo que confiar en la pata de conejo no le sirvió al conejo). En la abogacía no se puede ir de sobrado, porque los tecnicismos procesales o novedades jurisprudenciales acechan al más veterano.
– No dejes de interpretar como el contrario a su vez interpreta tu posición. En efecto, el abogado debe contar con lo que piensa el contrario sobre su estrategia, para actuar en consecuencia.
– Nunca cuentes tu dinero cuando estés sentado en la mesa, pues la siguiente mano puede quitártelo. En la abogacía, la resolución favorable de hoy puede revocarse mañana en apelación o casación.

El elemento común más relevante es la incertidumbre en la mesa de póquer y en los estrados judiciales. Por un lado, todo abogado veterano sabe que los clientes no suelen ofrecer casos hechos o ganados, sino al contrario, no suelen tener buenas cartas, pero siempre hay espacio para puede luchar y sacar partido.

Por otro lado, el abogado sabe que en el curso de la partida o disputa jurídica, debe reevaluar la información disponible según las nuevas cartas y nuevas jugadas de sus oponentes (normativa o jurisprudencia sobrevenida, hechos relevantes nuevos, pruebas de nuevo acceso, etcétera).

Tampoco debe perder de vista la labor del crupier judicial. En suma, cada partida de póquer es un nuevo reto, con incierto desenlace, como cada litigio.

Pero lo más importante que interioriza el abogado que mira de soslayo las enseñanzas del juego de póquer, es que para cosechar y preservar una buena reputación profesional, debe actuar como en la mesa de juego, donde no se debe abusar de los faroles, ni sucumbir a la tentación de haber trampas o jugadas poco éticas, ni discutir con el crupier. Y como no, mostrar deportividad al término del lance, para saludar con elegancia al vencedor, no sólo porque quizá otro día se inviertan los papeles sino porque el juego limpio merece todo respeto a quien lo practica.

Comparte: