09 septiembre 2019

Nuevo Año Judicial, viejas esperanzas

Todo sigue igual, nada ha cambiado, seguimos esperando. Decía Sartre que la realidad humana “está perpetuamente comprometida en su propio futuro, y esto nos lleva a decir que espera confirmación de ese futuro”. Algo parecido le ocurre a nuestra Justicia, esperando durante décadas que alguien se acuerde ella, de sus reformas inaplazables, de la confirmación de su futuro.

Un año después, el viento sigue sin soplar y los horizontes de esas reformas estructurales ni siquiera se vislumbran. Hoy estrenamos nuevo año judicial, pero las esperanzas siguen sumando trienios, más viejas pero tan actuales y urgentes como las escribí en este mismo blog hace un año, por estas mismas fechas y con idéntico motivo. Al post de entonces me remito. No cambio ni una coma.

Todo sigue igual en nuestra Justicia, inquietante y desesperadamente igual, y mientras esperamos unas reformas que nunca llegan me refugio en estas palabras de Ernesto Sábato como bálsamo frente al pesimismo: “en la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza”. El problema, me temo, es que el baúl de las expectativas de la Justicia española lleva mucho tiempo desbordado y arrinconado en el desván de los olvidos. Una pena. Y preocupante.

Enlace a mi post de 12.sep.2018: www.abogacia.es/2018/09/12/apertura-del-ano-judicial-una-abogacia-activa-responsable-y-constructiva/

Apertura del Año Judicial: Una Abogacía activa, responsable y constructiva

Abrimos un nuevo curso judicial, se levanta el telón de las esperanzas, pudiera parecer que, como en todas las inauguraciones, se respira cierta emoción y esa ilusión contenida que suelen acompañar los estrenos importantes. No digo yo que no sea así pero -puedo estar equivocada en la percepción- tampoco da la impresión de que a la Justicia, en las grandes reformas de Estado que quedan pendientes, le vayan a dar el papel protagonista que viene reclamando desde hace décadas. Bien que lo merece, mira que es urgente que se lo den y otro año más que, me temo, no lo va a recibir.

La actualidad judicial está teniendo o recibirá en los próximos meses un lugar preeminente en la agenda mediática, y es normal y hasta cierto punto lógico que ello sea así. Pero no es ese protagonismo al que me refiero. Lo que a mí me preocupa de verdad es lo que, de nuevo, se ha caído de la agenda de prioridades políticas, lo que no aparece como línea de acción preferente entre los asuntos públicos que deberían tenerla. Me refiero a la Justicia y a los muchos frentes de mejora que tiene por delante pero a los que, siendo apremiante, no se les vislumbran respuestas. Cuarenta años de vida constitucional, un Pacto de Estado fallido en 2001 y, más recientemente, el amago de otro en forma de Estrategia Nacional de Justicia que lamentablemente quedó en eso, en escorzo. Un triste balance para un servicio público y un poder del Estado esencial para la democracia.

Así las cosas, la Abogacía española no va a dejar nunca de proponer, de sumar, de tender puentes y de ofrecer diálogo y consensos en todo cuanto pueda mejorar a nuestra Justicia y, por supuesto, al conjunto de la profesión, cuya mirada siempre es necesaria y, sobre todo, indispensable cuando se trata de libertades y derechos fundamentales.

A los hechos me remito y son, como quien dice, de antes de ayer. En 2016, apenas iniciada la actual legislatura con el anterior gobierno, desde el Consejo General de la Abogacía fuimos los primeros en plantear un marco de propuestas para un posible pacto de Estado por el futuro de la Justicia. Después, en 2017, se nos convocó en el Congreso de los Diputados para hablar de reformas, y allí estuvimos, intentando ayudar a un legislador al que, visto lo visto, no parece que le interese mucho traer a la Justicia al siglo XXI. En la era de la globalización, de la ciberdelincuencia y del comercio on line, seguimos funcionando con reglas procesales, con normas mercantiles o con un derecho de obligaciones y contratos del siglo XIX. Ahí lo dejo.

Además, como decía, una Abogacía inquieta y constructiva ha posibilitado desactivar amenazas que se cernían sobre la profesión y su papel crucial para facilitar el acceso a la Justicia a los colectivos más vulnerables. Pudimos concertar que el servicio público de Justicia Gratuita siguiese sin estar sujeto a IVA. Logramos que el Ministerio de Justicia agilizase los pagos en su territorio mediante el abono mensual de las liquidaciones por actuaciones del Turno de Oficio. Y conseguimos que los Presupuestos Generales del Estado para este año recogiesen una sustancial mejora de las indemnizaciones de los abogados del Turno, si bien seguimos exigiendo que las mismas sean lo que aún, por desgracia, no son: dignas y acordes al trabajo profesional y a la responsabilidad que implica.

La actual geometría parlamentaria y el clima de inestabilidad política no invitan a pensar que esas grandes reformas de la Justicia que deben llegar vayan a hacerlo, ni mucho menos pronto, lo cual es preocupante para el conjunto de la comunidad jurídica. Mientras le llega al legislador la inspiración, la Abogacía Institucional continua trabajando con la misma intensidad, compromiso y voluntad de colaboración. Con el mismo espíritu europeísta. Transformadora y aliada de los retos tecnológicos. Luchando contra las desigualdades, la exclusión, la intolerancia o la violencia en todas sus formas, por supuesto también las que sufren la mujeres. En la defensa del Estado de Derecho, de nuestra democracia y del legado de convivencia y de libertades que tanto ha costado conquistar. Y al lado de una profesión que ha demostrado con creces que sabe construir en positivo.

Se abre, sí, un nuevo curso judicial y sean cuales sean los desafíos que se decidan abordar, por muy inalcanzables que parezcan, siempre encontrarán a una Abogacía dinámica, activa, responsable y propositiva. Así somos y trabajamos, de lo cual, por cierto, nos sentimos muy orgullosos.

Comparte: