A Harper Lee la autora de la novela “Matar a un ruiseñor” la conmovió tanto la actuación de Gregory Peck como Atticus Finch, un personaje modelado sobre su padre, que le regaló el reloj de éste -un reloj que aparece por cierto en los títulos de crédito, maravillosos, de la película dirigida por Robert Mulligan. Peck guardó el reloj hasta su muerte.
Esta introducción me sirve para poner de manifiesto cómo los personajes o en este caso los actores acaban devorando a sus modelos. El Atticus Finch de las páginas de la novela de Lee posee para siempre, si se ha visto la película, las hechuras de Peck que le ha legado un rostro tranquilo, marcado ya por la edad, una mirada melancólica, unos ademanes lentos pero firmes, una mirada decente.