13 enero 2026

Legaltech 2026–2030: cuando la tecnología se iguala, las personas marcan la diferencia

Eugenia Navarro Por Eugenia Navarro
@eugenianavarros

El legaltech está entrando en una fase de madurez operativa entre 2026 y 2030. Ya no se discute si el sector legal debe incorporar tecnología; esa conversación quedó atrás. Hoy hablamos de cómo integrarla de forma estratégica, no solo para ser más eficientes, sino para transformar de verdad los modelos de prestación de servicios jurídicos, la relación con el cliente y la organización interna de los despachos y departamentos legales.

La automatización, la inteligencia artificial, el análisis predictivo, los contratos inteligentes o la gestión avanzada de datos están redefiniendo procesos que durante décadas fueron manuales. Esto genera una paradoja interesante: cuanta más tecnología incorporamos, más valor adquiere la diferencia humana y emocional. Los procesos se estandarizan, las herramientas se igualan, las plataformas se replican… pero las personas no. Y ahí es donde se empieza a jugar la verdadera ventaja competitiva: la forma en la que conectan las personas y cómo interactúan.

Competencias digitales sí, pero no solo

Este contexto nos obliga a repensar la formación desde una doble perspectiva.
Por un lado, es imprescindible estar al día de los avances tecnológicos: entender cómo funciona la IA, cómo se implementa un sistema legaltech, cómo se gestionan datos o cómo se automatizan flujos de trabajo. No hacerlo es quedar fuera del mercado.

Pero, por otro lado —y esto es lo que estamos descuidando peligrosamente—, es necesario desarrollar habilidades emocionales, interpersonales y relacionales. En esta era dominada por el legaltech y la inteligencia artificial, la capacidad de empatía, comunicación, liderazgo, trabajo en equipo y gestión emocional es la que corre el riesgo de quedar relegada.

Estamos tan centrados en la eficiencia, en el ROI, en los KPIs y en la productividad, que se nos olvida entrenar lo que hace que un equipo funcione de verdad: la confianza, la cohesión, el sentido de pertenencia, incluso la diversión. Y sin embargo, son estos elementos los que marcan la diferencia en la atención al cliente y en la sostenibilidad de los equipos a largo plazo. Los recursos tecnológicos, los procesos y las plataformas acabarán pareciéndose cada vez más entre sí. Lo que no se puede clonar es la calidad humana de los equipos, su capacidad de empatía, su criterio, su creatividad, su forma de relacionarse y de entender al cliente.

En este nuevo escenario, la verdadera ventaja competitiva no estará solo en quién tiene la mejor IA, sino en quién tiene las mejores personas: capaces de comunicar, escuchar, colaborar, liderar, gestionar emociones y generar confianza.

La tecnología no sustituye la humanidad

Es tan fácil hoy escribir, responder, clasificar y priorizar correos con ayuda de la IA que todo parece perfecto, rápido y limpio. Pero se nos olvida algo esencial: detrás de cada email hay una persona. Detrás de cada consulta hay una preocupación real, una presión, un problema que no es solo jurídico, sino humano.

La experiencia del cliente no se construye solo con procesos eficientes, sino con la capacidad de escuchar, entender, acompañar y explicar. Ninguna herramienta, por avanzada que sea, sustituye una conversación bien gestionada, una llamada empática o una reunión donde el cliente se siente comprendido.

Una nueva formación: digital + emocional

Esto nos obliga a repensar la formación desde una doble perspectiva inseparable:

  • Competencias digitales avanzadas: uso estratégico de IA, Legaltech, automatización, data, ciberseguridad, diseño de procesos, legal operations.
  • Competencias humanas y emocionales: comunicación, trabajo en equipo, inteligencia emocional, pensamiento crítico, gestión del conflicto, liderazgo, ética, presencia profesional.

En una era dominada por Legaltech y por inteligencia artificial generativa, resulta paradójico que estemos olvidando entrenar precisamente lo que nos hace insustituibles:
la capacidad de relacionarnos y generar vínculos reales.

Con tanta eficiencia, tanta optimización y tanta búsqueda de valor, corremos el riesgo de descuidar algo esencial: crear equipos cohesionados, entornos amables, culturas sanas y espacios donde las personas disfruten trabajando. Y eso, hoy más que nunca, también es productividad.

El retorno de la inversión en legaltech: personas, no recortes

Durante los próximos años veremos una presión creciente por demostrar el retorno de la inversión en legaltech: dónde ha aportado valor, qué se ha optimizado, qué se ha reducido. Escucho con frecuencia que uno de los grandes beneficios es la amortización de posiciones. No estoy de acuerdo.

La amortización debe ser de tareas de poco valor, no de personas. La tecnología debería liberar tiempo para que los profesionales sean más creativos, más estratégicos, más innovadores y generen empresas mejores y más sostenibles. No para convertir los equipos en estructuras mínimas sin alma.

El verdadero retorno está en reconvertir perfiles, en enriquecerlos, en darles espacio para crecer, no en recortarlos y eso revertirá en tener empresas o firmas más preparadas y más competitivas, con tiempo para innovar y crear.

Mirando al futuro: tecnología con alma

La velocidad de evolución tecnológica es vertiginosa y no va a disminuir. Pero precisamente por eso, no podemos dejar de prepararnos para algo igual de relevante: la importancia creciente de las relaciones humanas y emocionales en entornos cada vez más digitalizados.

No sé exactamente cómo impactará todo esto en la formación de los jóvenes s, pero sí tengo claro algo: hay que formar, y mucho, en habilidades no solo tecnológicas, sino en capacitación de excelencia humana. Porque en un mundo donde casi todo se puede automatizar, lo verdaderamente diferencial seguirá siendo lo que nos hace humanos.

 

 

 

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