02 abril 2019

¿Cuál es el secreto para dotar al informe oral de unidad, orden, estructura y flexibilidad?

Oscar LeónPor Óscar León
TWITTER @oscarleon_abog

Conforme a las reglas de la oratoria, el informe oral, como discurso forense, se construye siguiendo diversas fases  que cumplen diferentes funciones esenciales para alcanzar un alegato persuasivo. Dichas etapas son la invención, que recopila; la disposición, que ordena; la elocución, que expresa; la memoria, que recuerda y la acción, que transmite.

De las citadas etapas, la disposición se ocupa de otorgar la ordenación definitiva del material que hemos recopilado durante la invención (hechos, pruebas, fundamentos jurídicos, etc.), orden necesario, puesto que dicha información está sujeta a una imprescindible jerarquía entre los diversos elementos que lo conforman.

Partiendo de que dicha ordenación se alcanza a través de la estructura o división del informe en partes perfectamente ensambladas, será objeto de nuestra colaboración analizar dichas partes para, a continuación, destacar las bondades de dicho proceso y realizar algunas advertencias sobre su uso a tenor de las circunstancias concurrentes en sala.

Las partes a examinar serán el exordio, la división, narración, argumentación y refutación y el epílogo.

Exordio: El exordio constituye la parte introductoria del informe que abarca desde el comienzo del mismo hasta que el orador entra en la materia objeto de su discurso. Su objetivo o finalidad es captar o ganar el interés, la atención, receptividad y benevolencia del Tribunal sobre el tema o materia a tratar. Para ello, el orador, a través de esta breve introducción procura, sin entrar bruscamente en el examen de los hechos y su valoración probatoria, poner al auditorio en antecedentes, anticipando de qué va a tratar el informe a través de una exposición con la que consiga unir el interés y simpatía del auditorio al suyo propio y al de la causa que defiende.

División: La división es un elemento estructurador del discurso que consiste en exponer cuáles van a ser las distintas partes en las que se va a dividir el informe. A través de la división facilitamos al auditorio la estructura de nuestro informe, lo que indudablemente va a contribuir tanto a la mejor comprensión del mismo, como a favorecer el descanso que necesita el juez en los momentos en los que se producen las transiciones ya anunciadas.

Narración: La narración es la exposición ordenada de los hechos que consideramos han quedado probados y sobre los que ha de recaer el fallo de la resolución judicial, hechos que, desde nuestra perspectiva, constituyen la base fáctica de nuestra pretensión y de nuestros argumentos.

Argumentación y refutación: La argumentación, también denominada discusión, es la fase en la que los abogados fundamentan las ideas centrales de su discurso a través de un ordenado examen crítico de las pruebas y la aplicación de la ley, doctrina y jurisprudencia con el fin de sostener la validez de los hechos que se hicieron durante la narración, todo ello con el fin de persuadir y convencer al auditorio. La refutación, siguiendo las mismas pautas que la argumentación, si bien centrada en los argumentos adversos, evita, a través de un proceso de «destrucción argumental», que los argumentos y pruebas del adversario queden incólumes y sin contradicción alguna.

Epílogo: El epílogo es la parte con la que se pone fin al informe y en el que se recapitulan los argumentos principales tratados, dando especial énfasis a la pretensión que sustentamos. La finalidad del epílogo reside en que a través de este resumen dejaremos huella en la mente del auditorio sobre los fundamentos de nuestra pretensión, facilitando con ello el recuerdo de la esencia de nuestro alegato, ya que, siendo lo último que se escucha de nuestro informe, el epílogo quedará fuertemente grabado en el auditorio. Igualmente, a través de la peroración, el orador causa una última y profunda impresión en el ánimo de los jueces, que con esta recapitulación final recuerdan mejor los fundamentos de la defensa.

La referida estructura, bien empleada, y sobre todo, adaptada a las circunstancias que concurran en el momento de la exposición del informe, constituye la mejor aliada para lograr la atención de juez, siendo un ingrediente indispensable para convencerlo y persuadirlo de la bondad de nuestras pretensiones. Y ello es así dado que dicha estructura (que no hemos de olvidar nace del análisis de los hechos, prueba y fundamentos jurídicos del caso), nos permitirá atraer la atención del auditorio (exordio); transmitir la noción de orden de nuestro discurso (división); exponer los hechos que sustentan nuestra pretensión (narración); examinar la prueba y argumentar nuestra tesis y refutar la contraria (argumentación y refutación), para concluir resumiendo las ideas principales de nuestra defensa (epílogo).

Pero la gran ventaja de la estructura radica en que dotaremos al informe de unidad, orden y coherencia, permitiéndonos no sólo exponer con precisión las ideas verdaderamente esenciales, sino igualmente retenerlas con más facilidad, y quizá lo más importante, dotándolo de flexibilidad, puesto que atendiendo a las circunstancias concurrentes del juicio, podremos “podar” el árbol del alegato previsto, suprimiendo en cuestión de segundos aquellas partes que, si bien enriquecen el informe, pueden ser suprimidas (exordio, división, epílogo) o resumidas (narración, argumentación, refutación), permitiéndonos así acomodarlo a dichas circunstancias.

Ahora bien, y concluyo, dicha flexibilidad tendrá como límite que el informe oral alcance el objetivo de valorar las pruebas que se han llevado a cabo en el juicio y sustentar la jurídicamente correspondiente pretensión a favor de nuestro cliente, y siempre teniendo en cuenta que debe ser salvaguardado el principio y derecho de defensa que debe prevalecer y no ser cercenado.

Óscar León
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