21 enero 2026

El Derecho Penitenciario se ejerce en red

Por Julia Riveiro Pérez, miembro de la Comisión de Asesoramento Xurídico Penitenciario de Ourense.

Empiezo el año con gratitud y con fuerza. Gratitud por el compañerismo; fuerza por la certeza de que el trabajo bien hecho también se contagia. Por eso me animo a escribir esta entrada desde una perspectiva sencilla y honesta: FUE MI PRIMERA VEZ. Fue en diciembre de 2025, en Murcia, y salí entendiendo algo que antes no comprendía del todo: porque los compañeros y compañeras no hablan de jornadas, sino de encuentros de Derecho Penitenciario.

Y lo llaman encuentros porque allí no se va solo a escuchar. Se va a compartir. A compartir experiencias, dificultades, dudas, herramientas… Se va a poner en común lo que a menudo no se ve desde fuera: que en prisión los derechos existen, pero su efectividad no siempre viene dada; hay que pelearla con constancia, con técnica y, sobre todo, con presencia.

En ese contexto, el Derecho penitenciario no es un tema más. Es la forma concreta de recordar, día tras día, que la privación de libertad no puede arrastrar consigo la privación de derechos. Y que la humanidad no es una concesión, es un estándar mínimo de un Estado de Derecho.

Por eso, si algo me llevé de Murcia fue una certeza: que el trabajo en penitenciario se sostiene mejor cuando se hace en red. Saber que no se trabaja en solitario, que otras compañeras y compañeros en distintos territorios se enfrentan a retos similares, que se aprende de experiencias compartidas y que se vuelve a casa con más criterio, más recursos y más impulso. Y eso, en este ámbito, es decisivo; porque sostener derechos en prisión exige constancia, y la constancia se fortalece cuando se construye en común.

Quiero cerrar con una idea clara: debemos reivindicar que exista SOAJP en todos los Colegios de la Abogacía, y muy especialmente en aquellos lugares donde hay centros penitenciarios. Pero no como una estructura formal, ni como un nombre en un organigrama; sino como un servicio real y efectivo, con medios, continuidad y presencia, que trabaje de verdad con las personas internas y con la realidad diaria de las prisiones.

Porque el acceso a la justicia en prisión no puede depender del azar. Por un lado, necesita compromiso institucional. Por otro lado, necesita profesionales que estén, que escuchen, que orienten y que actúen cuando corresponde. Solo así los derechos dejan de ser una promesa y pasan a ser una realidad.

Quiero aprovechar para decirlo alto y claro: GRACIAS, COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS, por todo lo que hacéis y por haberme acogido en mi primera vez (que no será la última). Gracias por la generosidad, por el compañerismo y por recordarme, con hechos, que incluso en un ámbito tan duro, la humanidad no solo existe, se ejerce.

Ahora entiendo por qué lo llamáis “encuentros”. Y por eso, desde hoy, yo también lo llamaré así. Porque no es solo una cita en el calendario, es un lugar donde una se siente acompañada y útil, donde se comparte oficio y se comparte propósito.

Volví a casa con más herramientas, sí, y con más fuerza. Pero volví, sobre todo, con una sensación que no se aprende en ninguna ponencia: la de formar parte de algo importante. De una red de profesionales que no se resigna, que se sostiene mutuamente y que trabaja para que la defensa de los derechos en prisión sea real, efectiva y humana. Y cuando se defiende lo esencial, no se camina sola.

Ah, y antes de terminar —spoiler: aquí viene lo serio— a la Subcomisión de Derecho Penitenciario del Consejo General de la Abogacía Española le pido (con la confianza que da una primera vez y la poca vergüenza que se nos permite a las novatas) que el trabajo colectivo que se plasma en las conclusiones no se quede en un texto para archivar. Que estas conclusiones caminen. Que se traduzcan en hechos. Porque lo urgente no admite más demoras. TOCA PONERSE MANOS A LA OBRA.

 

 

 

 

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