27 julio 2020

La Legaltech de las pequeñas cosas

Eva BruchPor Eva Bruch
TWITTER @evabruch

En estos meses de confinamiento he tenido la ocasión de participar en numerosos webinars, cursos y congresos. Creo que es una sensación compartida por todos la locura de sesiones online que hemos atendido, lo que en parte nos ha mostrado que trabajar de otra forma sí es posible.

Una de las reflexiones recurrentes en la mayoría de formaciones impartidas, en especial las relacionadas con legaltech e innovación, es la relativa a la usabilidad por parte de los despachos pequeños, del sinfín de aplicaciones que los docentes, en conjunto, exponemos.

Vemos como los despachos grandes o mediano-grandes y las asesorías jurídicas de empresa contratan sistemas de automatización de tareas o procesos, utilizan aplicaciones para el análisis de ingentes cantidades de documentos, crean unidades separadas para la captación de negocio adicional sumándose así a la tendencia de los proveedores alternativos de servicios jurídicos, o vemos iniciativas dirigidas a nuevos consumidores de servicios jurídicos de escaso margen comercial que requieren altísimos volúmenes de clientes para ser rentables.

Todo ello puede resultar apabullante, incluso desalentador para un abogado o un pequeño despacho con limitados recursos económicos y menos disponibilidad de tiempo del que necesita.

La realidad en cambio es bien distinta y a un despacho pequeño, le puede resultar incluso más fácil innovar y crear servicios digitales o semi automatizados con la correcta combinación de tecnologías. En muchos casos, con un aplicativo de automatización documental enlazado con otro de firma electrónica, ya puede lograrse un servicio semi-digital automatizado.

Pensemos en procesos de reclamación de cantidades, en servicios de confección de todo tipo de documentos básicos o algo más avanzados, en gestiones administrativas para tramitar documentación.

En realidad, lo más complicado de todo este proceso es dar con el servicio ideal para empezar y la verdad que en casi nunca se trata de servicios complejos de M&A, de reestructuración empresarial o pleitos enrevesados. Más bien estamos hablando de revisiones de convenio de divorcio, reclamaciones de alimentos, reclamaciones de deudas en comunidades de propietarios, reclamaciones de multas, tramitaciones de la residencia por compra de inmueble, etc…

Las ventajas de automatizar y digitalizar un servicio “poco sexi” es que podemos centrarnos en su comercialización online (con técnicas de marketing digital) que una vez están definidas y funcionan, el servicio prácticamente funciona solo y puede escalarse a un nivel mucho mayor. Es decir, pueden captarse muchos más clientes en zonas geográficas donde con el formato presencial, no puede llegarse.

La complejidad suele estar en la elección del servicio y en imaginar cómo podría prestarse online. Este primer paso se resuelve con una metodología ad hoc, el design thinking o pensamiento de diseño. Se trata de una técnica para potenciar la creatividad, resolver retos o problemas y hallar posibles soluciones de formas distintas o inéditas. El proceso, si se sigue con rigor, es decir, quitándonos la pátina de abogados que todos llevamos y apelando al niño que una vez fuimos, asegura resultados asombrosos en tan solo unas horas. Lo demás, prácticamente viene solo.

Si quieres saber más sobre esta metodología, aquí tienes algo más de información e inspiración para dar este primer e importantísimo paso.

Feliz semana.

Eva Bruch
TWITTER: @evabruch
WEB: http://alterwork.net/

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