21 agosto 2026
La Cruz de San Raimundo de Peñafort reconoce la defensa de la profesión de Albino Escribano
Defender a los clientes, acompañar a los compañeros y preservar los valores esenciales de la profesión. Sobre esos pilares ha construido Albino Escribano una trayectoria de décadas al servicio de la abogacía. Decano del Colegio de la Abogacía de Albacete y referente de la abogacía, la concesión de la Cruz Distinguida de Primera Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort reconoce una carrera marcada por la defensa de la profesión, la deontología y principios tan esenciales como el secreto profesional y la confidencialidad.
Lleva cerca de dos décadas vinculado a la vida institucional de la abogacía. ¿Qué le ha aportado este camino y qué cree que ha aportado a la profesión?
El trabajo institucional, como diputado de a pie, decano y consejero, además de darme la oportunidad de conocer a personas extraordinarias, me ha permitido aprender mucho de mi profesión y comprender su trascendencia. También ser consciente de ella y recordársela a los compañeros y compañeras para reforzarlos, haciéndonos a todos partícipes de la construcción del Estado de derecho.
Esa convicción se ha traducido en el trabajo institucional en el ámbito deontológico, personal, colegial y organizativo. Es una gran responsabilidad que se articula en los principios que inspiran nuestras normas deontológicas, cuyo establecimiento, interpretación y seguimiento supone el legado que estamos obligados a dejar a quienes ejerzan la profesión en el futuro.
He contribuido a esta idea con mi trabajo y estudio personal, bajo la vocación de servicio que me inspira y con la convicción de que el conocimiento que no se comparte se pierde. Y he tenido la suerte de tener el apoyo incondicional de mi familia, que comparte estos principios y sin la cual no habría sido posible llegar hasta aquí.
¿Qué sintió al conocer la concesión de esta distinción y qué significado tiene para usted?
Supuso una enorme alegría. Para aquellos que sentimos pasión por el Derecho, esta distinción tiene una importancia extraordinaria. Significa el reconocimiento del trabajo hecho, del camino recorrido y, al propio tiempo, permite armarse de nueva ilusión para continuar la labor. Pero, sobre todo, implica un reconocimiento para todos aquellos, familia y compañeros, que la han hecho posible.
La abogacía ha cambiado mucho desde sus inicios. ¿Qué transformación destacaría y cuáles son los principales retos que afronta hoy la profesión?
En este siglo, la profesión ha cambiado mucho, fundamentalmente por la innovación tecnológica, que ha supuesto un cambio radical en la forma de concebir y desarrollar el trabajo. Al mismo tiempo, la Abogacía ha debido y debe mantener un alto grado de entrega personal y artesanal, así como de empatía con el destinatario de nuestros servicios, debiendo conciliarse esa evolución con la esencia de la profesión.
Innovaciones como la inteligencia artificial no constituyen el principal reto hacia el futuro, sino una consecuencia de la evolución de los tiempos y de la ciencia. Los grandes desafíos seguirán siendo conservar la libertad e independencia profesional, respetar la lealtad entre los que integramos la estructura de la defensa de la ciudadanía y proteger la dignidad profesional. Eso incluye el respeto a los principios esenciales de la abogacía, la excelencia en la formación y en el desempeño, adecuándonos a los altos estándares que exige nuestra misión, así como establecer sistemas que garanticen la conciliación en el presente y las necesidades personales y familiares en el futuro.
Ha dedicado buena parte de su actividad a la deontología y a cuestiones como el secreto profesional y la confidencialidad. ¿Por qué cree que siguen siendo pilares esenciales de la abogacía?
Sin el secreto profesional y la confidencialidad, la profesión sería inconcebible, no podría existir. Ambos son esenciales tanto en la concordia como en el proceso. El respeto y la lealtad al cliente, dentro de la básica y recíproca confianza, no podrían existir sin esas figuras.
Otra cosa es que sea necesario concretar su alcance y contenido. Quedarse en el titular e invocarlo como un mantra va en contra de la concepción práctica de la profesión como actividad. Aunque sea muy tentador resolver cada caso apelando únicamente al principio general, sin mayor desarrollo, creo que no es el camino; debe ser el de una elaboración teórica sólida que permita una aplicación práctica coherente y conforme a principios reconocibles.
Hay un largo camino que recorrer en la materia, no exento de obstáculos, dificultades y problemas. Y hay que estar dispuesto a superarlos: las carreras se ganan en las curvas.
Como decano, ha vivido también la transformación del Colegio de Albacete. ¿Qué proyecto le hace sentirse especialmente orgulloso?
Cuando tomé posesión en 2018, dije que mi intención era transformar el Colegio en una institución del siglo XXI: tecnológicamente avanzada, con los medios necesarios para la formación y el desempeño de sus profesionales, prestadora de servicios, abierta a la cultura, accesible, funcional e integradora. Un espacio para el debate y la inteligencia, convirtiéndolo, en definitiva, en la Casa de la Abogacía al servicio de la ciudadanía.
Creo que lo hemos conseguido con mucho trabajo, un gran sacrificio y con la unión y lealtad de una Junta de Gobierno que, hasta en los momentos más difíciles, se ha mantenido unida. Eso nos ha permitido superar situaciones complicadas como la pandemia, afrontar los retrasos por huelgas y reivindicaciones, la pérdida de queridos amigos y compañeros o el desalojo de las instalaciones que el Colegio ocupaba en el Palacio de Justicia desde su fundación, en 1834, por decisión del Ministerio de Justicia. La culminación de ese trabajo fue la creación de las nuevas instalaciones colegiales de la calle Caldereros, inauguradas en junio de 2024, que suponen la mayor manifestación de independencia de todos los profesionales de la abogacía de Albacete.
Todavía quedan objetivos por conseguir y mejoras que realizar, pero tenemos la fuerza, el empuje y la determinación para hacerlos realidad.




