02 febrero 2026

«Son familia»

Por Isabel García Ruiz, vocal de la Comisión de Defensa de los Derechos de los Animales del Colegio de la Abogacía de Sabadell.

En situaciones de catástrofes, donde la pérdida de vidas humanas impone una urgencia abrumadora, el trato con empatía hacia los animales suele quedar relegado a un segundo plano. Sin embargo, desde la perspectiva de la defensa de los animales, este enfoque exclusivo en las personas ignora un aspecto esencial: los animales también son víctimas vulnerables, dependientes y profundamente afectadas por el caos. Incluirlos en los protocolos de emergencia no solo es un gesto ético, sino un componente fundamental para fortalecer la resiliencia de comunidades completas. El caso de “Boro”, el perro perdido en el trágico accidente ferroviario de Adamuz, ha puesto de relieve la situación de los animales que se ven inmersos en una catástrofe y cómo expresamos y actuamos.

Diversos estudios sociológicos han mostrado que la relación entre humanos y animales influye directamente en las decisiones de evacuación, la percepción de seguridad y la reconstrucción emocional tras una tragedia. Algunos análisis, como los que exploran la conducta de propietarios durante huracanes o incendios, sugieren que la presencia de animales puede incentivar comportamientos de mayor cooperación y empatía generalizada. No obstante, la veracidad de estas conclusiones es debatida y las dinámicas culturales locales influyen considerablemente, lo que limita la generalización de los resultados.

En el campo de la antropología, también se ha estudiado cómo las comunidades conciben a sus animales —ya sea como miembros de la familia, recursos de subsistencia o seres espiritualmente significativos— y cómo estas creencias afectan la respuesta en emergencias. Algunos trabajos señalan que la protección animal puede reforzar la identidad comunitaria y acelerar la recuperación psicológica tras un desastre.

En el caso de Boro, hemos visto como se han puesto de manifiesto diversas sensibilidades, sobre todo en redes sociales, donde, como siempre, el paraguas del anonimato deja al descubierto interpretaciones sesgadas e interesadas. Promover una cultura de empatía hacia los animales durante catástrofes no pretende restar importancia al sufrimiento humano; al contrario, lo complementa. Integrar a los animales en los planes de emergencia —desde evacuaciones hasta refugios adaptados— refleja un entendimiento más completo de la vida en comunidad. En última instancia, la forma en que tratamos a los seres más vulnerables en situaciones límites revela, más que ninguna otra cosa, la profundidad de nuestra humanidad.

Comparte: