30 octubre 2026
Ser abogado joven: soñar, atreverse y emprender
Por Meryem Oulad, abogada. Colegio de la Abogacía de Almería.
Mañana celebramos el Día de la Abogacía Joven, una ocasión especial para quienes hemos decidido emprender nuestro camino en esta profesión. Para mí, también es un momento para mirar atrás y recordar aquel sueño que, desde niña, deseaba convertir en realidad: ser abogada.
Con el tiempo he aprendido que la abogacía va mucho más allá de conocer las leyes, estudiar expedientes o defender argumentos ante un tribunal. Detrás de cada caso hay personas que, en momentos difíciles, necesitan ser escuchadas, comprendidas y defendidas. Ahí reside, para mí, la esencia de nuestra profesión: poner nuestros conocimientos al servicio de los demás, con humanidad, sensibilidad y empatía.
Hoy siento un profundo agradecimiento por haber convertido aquel sueño de niña en mi realidad. El camino no siempre ha sido fácil, pero volvería a elegir esta profesión una y mil veces.
Uno de los mayores retos ha sido emprender. Abrir tu propio despacho significa apostar por ti misma sin tener todas las respuestas, aprender a convivir con la incertidumbre y enfrentarte al miedo a equivocarte, a fracasar o a que tu juventud genere dudas sobre tus capacidades. Y me pregunté si lo conseguiría.
Sin embargo, nada más aprobar el examen de acceso a la abogacía, decidí abrir mi propio despacho, sin apenas experiencia profesional ni un respaldo económico que me ofreciera seguridad. Sabía que tenía muchísimo por aprender y que habría días difíciles, pero también tenía claro que no quería renunciar a mis sueños por miedo. Así que me atreví. Aposté por mi vocación y por construir mi propio camino, con esfuerzo, responsabilidad y muchas ganas de aprender.
Hoy puedo decir que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. No porque todo haya sido fácil, sino porque pocas cosas se comparan a ver cómo aquel sueño empieza a tomar forma. Escuchar a una persona preocupada, estudiar su caso y trabajar para encontrar una solución, me recuerda por qué elegí esta profesión. Y cuando sabes que has contribuido a defender un derecho, resolver un conflicto o devolver algo de tranquilidad a una familia, comprendes que el esfuerzo merece la pena.
Por eso, si tuviera que dar un consejo a quienes comienzan su andadura en la abogacía, sería este: no esperéis a dejar de tener miedo para atreveros a hacer aquello con lo que soñáis. La valentía no consiste en no tener miedo, sino en seguir adelante a pesar de él. Soñad en grande, confiad en vuestras capacidades y trabajad con pasión, constancia y dignidad. No permitáis que vuestra juventud os haga sentir menos preparados ni que la incertidumbre os lleve a renunciar antes de intentarlo. Y nunca olvidéis por qué elegisteis esta profesión.
Habrá dificultades, pero ejercer bien significa actuar con honestidad, prepararse con rigor, dar lo mejor de uno mismo, reconocer los errores y seguir aprendiendo. Que una puerta cerrada no os haga dejar de llamar a las demás.
Un disparo no cambiará mi pasión por la abogacía
Y, si me permitís, hoy también necesito compartir una experiencia que me ha marcado profundamente. El 15 de julio de este año, en Almería, sufrí una agresión con arma de fuego por ejercer mi profesión. Aquello ha cambiado mi vida y ha dejado cicatrices en mi cuerpo y también heridas que no siempre se ven. Al principio, mirarlas me hacía revivir lo ocurrido y preguntarme por qué había tenido que pasarme a mí.
Con el tiempo, mi manera de contemplarlas ha cambiado. No porque el dolor haya desaparecido, sino porque me recuerdan que sigo aquí. Van a ser mis compañeras de viaje para siempre, pero también el recordatorio de que aquel ataque no ha conseguido arrebatarme mi identidad, mis sueños, ni mi vocación. Sigo siendo la misma mujer que un día decidió dedicar su vida a la abogacía. Soy abogada.
Quizá vivir una injusticia tan profunda te hace comprender todavía mejor lo importante que es contar con alguien dispuesto a escucharte, defenderte y luchar por tus derechos. Detrás de palabras como justicia, defensa y dignidad hay personas reales que necesitan que alguien se tome en serio lo que les ha ocurrido.
Para mí, ser abogada es precisamente eso: acompañar a quien se siente desprotegido y ser la voz de quien no puede defenderse por sí mismo. Porque nadie debería sentirse solo cuando necesita justicia.
Siempre llevaré conmigo unas palabras de mi profesora y compañera Josefa Ramos, que hoy cobran aún más sentido para mí: «Los abogados somos la voz de quien no la tiene, tenemos el poder de hablar por el que no puede». No sé si existe una forma mejor de explicar lo que significa esta profesión para mí.
Quiero aprovechar este día para dar las gracias, de corazón, a todos mis compañeros y compañeras que estuvieron a mi lado y me hicieron sentir acompañada y querida. En uno de los momentos más difíciles de mi vida, me recordasteis que la abogacía no es solo una profesión que compartimos, sino también una comunidad capaz de tender la mano cuando más la necesita.
Hay gestos cuyo valor quizá quienes los hacen no llegan a imaginar. Los vuestros siempre tendrán un lugar en mi corazón. Gracias por hacerme sentir tan afortunada de pertenecer a esta gran familia que es la Abogacía Española.
Con todo mi cariño, ¡feliz Día de la Abogacía Joven a todos mis compañeros y compañeras!




