07 julio 2012

“En este país”, algunas cosas sí funcionan

En España, en los últimos tiempos, todo parece cuestionarse. Incluso algunos sentencian que “en este país” no hay solución, frase que nos trae a la memoria el artículo de Larra de idéntico titular.

Es cierto que en estos 37 años de una sempiterna “transición inacabada” muchas cosas se han hecho mal. Algunas incluso merecerían pasar más severamente por la lupa judicial. Pero también es cierto que otras merecen el calificativo de ejemplares. Incluso para nuestros socios europeos.

Examinando objetivamente la situación, no podemos olvidar los avances en la protección de los Derechos Humanos, en la interculturalidad,  en la lucha contra la discriminación y la xenofobia.

El trabajo de la abogacía española en materia de extranjería es también una   realidad indudable. Puede parecer autobombo. Pero no debe considerarse así y ciertamente podemos calificarla como una gratificante realidad.

El profundo sistema garantista de los derechos de las personas extranjeras no hubiera sido posible, al menos en este período, sin el generoso quehacer cotidiano, riguroso y ejemplar, de un amplio colectivo de excelentes profesionales que han dedicado una parte importante de su tarea a la defensa de los Derechos Humanos, también de las personas migrantes, partiendo siempre del principio de igualdad y no discriminación.

Sin duda, en estos críticos tiempos, es momento de hacer balance para despojarnos de lo inútil, del trabajo mal hecho. Pero también lo es para reivindicar y profundizar en el trabajo sólido y eficiente, desoyendo las voces pesimistas que pretenden hacernos creer que cualquier tiempo pasado fue mejor y buscan en última instancia que abandonemos la defensa de la igualdad.

La extranjería, hay que decirlo con voz alta, es una de las cosas bien hechas en este país. Nuestro compromiso, con crisis o sin ella, era, es y será proseguir en la optimización de esta excelente tarea. En ese camino, con toda seguridad, estaremos bien acompañados por cuantos están convencidos de la imperiosa necesidad de buscar la aplicación efectiva (y no ilusoria) de los Derechos Humanos de todos y todas.

Comparte: