10 enero 2022

Nielson Sánchez Stewart: “Muchas de las infracciones se cometen por no conocer la norma”

Por Sonia Sánchez Llamas

Entre otras muchas materias, el Estatuto General de la Abogacía introduce cambios que afectan a la Deontología. Por eso, Nielson Sánchez Stewart acaba de publicar la tercera edición de su ‘Manual de Deontología para Abogados’, en la que recoge estas novedades. Gran experto en la materia, durante casi 20 años perteneció a la Comisión de Recursos y Deontología del Consejo General de la Abogacía Española.

¿Qué podemos encontrar en esta nueva edición del ‘Manual de Deontología para Abogados’?

La Deontología siempre ha sido mi pasión, de hecho, escribí mi tesis doctoral sobre la materia. Y hace varios años me pareció interesante escribir un manual de consulta que recogiera, en términos sencillos, los principios y normas que regulan la profesión. Cuando modificamos el Código Deontológico adapté la obra en una segunda edición. Ahora, con el nuevo Estatuto General de la Abogacía Española se hacía necesaria una nueva y profunda revisión. Y ahí está la tercera edición. De todas formas, esta materia -y también la ordenación profesional- están en constante evolución, así que no es imposible que en unos años me vea abocado a una nueva publicación.

¿Qué novedades incorpora el nuevo Estatuto en materia de Deontología?

Lo más destacable es que aborda por primera vez diversas materias que antes sólo se regulaban en el Código Deontológico. Éste, a pesar de contener normas acuñadas durante siglos por la costumbre como fuente de derecho, tiene un rango inferior al Estatuto, que recibe el respaldo de la Administración e impone deberes de información e identificación, información complementaria al cliente, conflicto de intereses, relaciones con la parte adversa, normas sobre relaciones con los compañeros…

También es reseñable la referencia al secreto profesional, dentro de las tendencias actuales de encuadrarlo en las actividades propias de la Abogacía. Como ha declarado el Tribunal Supremo, esta institución es una pieza angular de la Abogacía, un deber y un derecho para el profesional.

Recientemente se celebraron las VI Jornadas de Deontología de la Abogacía Española. ¿Cuáles fueron las principales conclusiones?

Las jornadas fueron un éxito y contaron con la participación muy activa de casi cincuenta compañeros de los Colegios. Estas jornadas se desarrollan de un modo original: no hay ponencias, sino planteamientos que hace la mesa, integrada por la Comisión de Recursos y Deontología del Consejo. Los asistentes relatan las experiencias del último año y las dificultades en la aplicación de las normas, se buscan soluciones y se armonizan criterios. Esta última edición fue especialmente interesante por la reciente aprobación del Estatuto y por la elaboración del Reglamento de Procedimiento Disciplinario que estamos preparando.

Respecto a las conclusiones, hubo muchas, sobre diversas materias: legitimación del denunciante para intervenir en el procedimiento sancionador; su acceso a los expedientes disciplinarios; las sanciones y su graduación; la caducidad de los expedientes; la hoja de encargo; la ejecución de las sanciones; la prescripción; la deontología en el turno de oficio y, la estrella, el mandato representativo en favor del abogado o abogada que, en ciertas ocasiones, le libera de la obligación de guardar secreto. Este es un tema al que le auguro un importante desarrollo.

¿Qué temas abordan las comisiones de Deontología de los Colegios?

Fundamentalmente el incumplimiento de las obligaciones de defender o asesorar al cliente con el máximo celo y diligencia, la divulgación de hechos cubiertos por el secreto profesional, presentación en los juzgados de comunicaciones entre compañeros sujetas al principio de confidencialidad, ofensas a otros profesionales de la Abogacía o el incumplimiento de los deberes que impone la prestación del servicio de asistencia jurídica gratuita.

A pesar de que el trabajo es mucho, hay que recordar que las infracciones que cometen abogados y abogadas son escasas en proporción al gran número de profesionales que ejerce, a la complejidad de la profesión y al grado de exigencia que impone el cliente. De cientos de miles de actuaciones una ínfima llegan a las Comisiones.

¿Hay concienciación en la profesión de la importancia de la Deontología?

Creo que sí. Como escribió Alan Dershowitz, no hay profesión más preocupada de su buen hacer que la abogacía, a pesar de la mala fama que siempre la ha perseguido. Es normal. nos encontramos siempre entre el bien y el mal, teniendo que luchar por uno en contra del otro. Tenemos que adoptar decisiones difíciles casi cada día. Los principios que rigen nuestra actividad entran en contradicción. La defensa puede enfrentarse a la lealtad o al secreto, por ejemplo. Tengo la impresión de que muchas de las infracciones se cometen por no conocer la norma.

¿Qué peso tiene esta materia en los planes de formación de los futuros abogados?

Solamente se ve en el máster, porque en la carrera te preparan para ser jurista, en general. Es cierto que en el examen de acceso se la da mucha importancia, llegando hasta el 25% de las preguntas. Sin embargo, en los programas no le dedican demasiadas horas, cuando los temas de Deontología son complejos y merecerían más desarrollo.

Es muy importante la Deontología. Son normas que tienen siglos de antigüedad y que se han mantenido siempre por los Colegios de Abogados, que yo creo que es la labor más importante de los colegios de la Abogacía. Deben ser los Colegios los que apliquen la Deontología y el régimen disciplinario, porque si mañana lo hiciera una asociación de consumidores se cometerían muchos errores y muchas injusticias. La gente que está fuera de la profesión no la entiende y le parece que es muy sencilla, pero la profesión, como todas, es compleja.

¿Qué se puede hacer desde Colegios y Consejos para poner de relieve esta materia?

Lo natural, difundir y divulgar las normas que nos rigen que no han sido estudiadas en la facultad. Ha mejorado esta situación con la implantación obligatoria de los cursos de máster para el acceso a la profesión que le confiere importancia a la asignatura. Establecer un sistema de consultas y asesoramiento en estas materias que, como digo, son muchas veces complejas. Y comprar mi libro, ¿por qué no?

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