Comunidad Abogacía

  • Conecta con compañeros y haz nuevos contactos
  • Mantente al día del sector jurídico
  • Recibe newsletters
  • Participa en grupos
  • Descubre oportunidades profesionales y recursos para tu formación
  • Haz oir tu voz
  • Participa en debates
  • Comenta noticias

Iniciar sesión

Con tu usuario de Abogacia.es

 

O mediante

¿Aún no estás registrado?

¡Únete!

VI Concurso de Microrrelatos sobre abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Los jueces dormimos mejor

Salvador Soler Campos · Elche (Alicante) 

¡Jamás me casaré con un abogado! Es suplicio reservado a sufridores. Y no es que no quiera a mi novio, es que no me deja dormir. Inútil toda concentración, no concilio el sueño y castigo mis pupilas hasta el amanecer. Él no sospecha nada porque duerme como un niño; pero cada noche, a la una, regurgita un "¡con la venia!" que me sobresalta de espanto; y a las tres, resuella un estentóreo "¡¡protesto!!" que me ha ocasionado un disgusto con el presidente de la comunidad. Rendida, a las cuatro, trato de habilitar el sofá-cama del salón, desde donde oigo su escalofriante “¡¡¡no hay más preguntas!!!”. Pero lo intolerable, lo que no puedo soportar, es que al alba, él ya en pie, ofreciéndome café, me susurre con ternura "te quiero señoría". Y lo soy, pero no puedo más y prefiero casarme con un juez. ¡Dormimos mejor!

 

Relatos seleccionados

  • PASA EN LAS MEJORES FAMILIAS

    Maria Jose Irigoyen Del Castillo · Madrid 

    Me asignaron el asunto de oficio, en el último momento. Hacía mucho tiempo que no la veía. Cuando entró en el reservado, que nos acababa de habilitar el colegio, apenas la reconocí. Me hizo falta una buena dosis de concentración para vislumbrar en sus facciones algún atisbo de su antigua belleza.Estaba demacrada. El escaso cabello le blanqueaba lastimosamente en la raíz. Una aureola morada le impedía abrir el ojo izquierdo. La pupila derecha la tenía extremadamente dilatada. Tuve la certeza, no una mera sospecha, de que había vuelto a consumir. Le recomendé evitar el juicio, llegando a un acuerdo con la acusación. Se quedó mirando la pared. Frunció el ceño y asintió con indiferencia, sin mirarme. Al salir de la habitación me llamó cobarde.Supe que la droga se acababa de llevar lo que quedaba de mi madre.

     
  • Amigos

    Diego Caballero Moreno · Sanlúcar la Mayor (Sevilla) 

    Acudí al locutorio con la sospecha detrás de la oreja. Cuando me senté frente a Cándido se encendió un foco a mi espalda. El detenido llevaba un ojo vendado; el otro lucía una pupila recelosa. Habilitar para su defensa a quien lo martirizaba con bromas crueles en el patio no tiene sentido, me dije cauto al entrar en el reservado. Mi colega de pupitre pateó en el suelo, donde más duele, a un antidisturbios, durante una concentración contra los despidos en su empresa. El policía le reventó la cara contra una farola. Se trataba de demostrar qué fue primero, el pez, el ave o el lagarto, de identificar a víctima y a verdugo. Abrí el maletín, pero lo cerré de golpe al comprobar la identidad del agente. Torcuato, el matón oficial del cole, había vuelto a hacer de las suyas. Treinta años después. La misma historia.

     
  • FALSAS APARIENCIAS

    Belén Sáenz Montero · MADRID 

    Me han citado en el reservado del restaurante más caro de la ciudad. Cuántas veces habré admirado la brillante cristalería y los blanquísimos manteles desde la calle, cuando iba del juzgado a la pensión, pero nunca soñé con tenerlos a mi alcance. No tengo la más mínima sospecha sobre quién puede ser mi anfitrión, pero he decidido dejarme llevar. El almuerzo, exquisito, se desarrolla entre buenos vinos y mejor conversación. Las viandas y la tenue música me relajan y noto que estoy perdiendo la concentración. Oigo palabras que apenas reconozco; resuenan en las paredes como envueltas en algodón. Me excuso para ir al aseo. Tengo las pupilas dilatadas y el paladar acorchado. Busco el pañuelo y encuentro en el bolsillo un sobre rebosante de billetes. Me temo que no debí gastarle al bocazas de mi cuñado la broma de que soy el encargado de habilitar a los miembros del jurado.

     
  • Mi pupila

    Félix Fernández-Maqueda · Madrid 

    A veces una sospecha infundada se convierte en una condena anticipada. Mi pupila es observadora, sagaz, analítica y desconfiada. Si hay que habilitar todos los escenarios posibles en el escenario del crimen ella es la primera en atar todos los cabos y reducir al máximo las incertidumbres. Su carácter reservado y ese mohín con el que frunce el labio le otorgan un encanto diferente, un aire a Lisbeth Salander de Millenium. Su capacidad y concentración en cada caso sobrepasan siempre mis expectativas. En el despacho otros abogados recelan de su desparpajo y naturalidad. En la universidad donde doy clases la gente murmura a nuestro paso. Pasamos muchas horas juntas mi ayudante y yo, es cierto, el caso del asesino en serie de la facultad de Derecho nos lleva demasiado tiempo y a medida que la investigación avanza vislumbro una sombra de duda en la forma en que me mira.

     
  • Cromatismo

    Alejandro Mateos Rodrigo · Tomelloso (C. Real) 

    En mi despacho soy un pez que bucea ágilmente entre leyes y expedientes, todo concentración, rodeado de cuatro paredes de un precioso verde agua. Para las reuniones preferí habilitar una espaciosa sala en amarillo intenso, cuya fuerza y calor me ayuda a fusionarme con los pensamientos de mis clientes. Pero el color que realmente me pone es el rojo y por eso lo tengo reservado para las grandes ocasiones, cuando despierto al depredador. Fuera de mis estancias tengo siempre a mano mi colección de gafas con cristales de todos los colores, para tintar a mi merced la caótica amalgama cromática del exterior. El problema es cómo pasar a la sala de vistas con ellas sin levantar sospechas, así que me tengo que conformar con clavar con disimulo mis pupilas en un folio rojo antes de entrar a matar en mi alegato final.

     
  • ORGULLO

    Ander Lafuente Ateaga · Barakaldo Bizkaia 

    ?Aparcamiento reservado?. ¡Cómo no!, es el descapotable del abogado defensor. En la sala, su multimillonario cliente y él se muestran demasiado relajados y la sospecha comienza a asomarse en mi interior. Concentración, me repito una y otra vez. No debo distraerme, no puedo venirme abajo, tenemos que hacer justicia. Han pasado tres meses desde que ese triunfador, elegante y feroz abogado logró que el juez admitiera cientos de despidos. Habilitar para ejercer la profesión a gente sin escrúpulos como él es el mayor delito. No dejo de recordar la pupila dilatada del niño que clamaba en busca de ayuda para defender a los trabajadores. A mí izquierda, su padre, mi cliente, un hombre que lleva trabajando desde los dieciséis años en la fábrica, que trabaja de sol a sol para sacar adelante a su familia, y en mi corazón, el orgullo de ser el abogado que siempre soñé ser.

     
  • JUSTICIA ALEATORIA

    Joaquín Valls Arnau · Barcelona 

    Con el pretexto de los recortes presupuestarios, hace varios años que no se convocan oposiciones a judicatura. Lo que hacen es habilitar transitoriamente para cubrir algunas vacantes, a abogados en ejercicio. En ocasiones se trata de personas sin suficiente aptitud, lo que convierte cada proceso en una especie de lotería. Ayer, sin ir más lejos, el azar nos tenía reservada una grata sorpresa. Nos había correspondido como juez, un abogado de la ciudad conocido por su afición a las juergas nocturnas. Por cohecho acreditado, a mi clienta tendrían que haberle caído como mínimo siete años. Sin embargo, mi sospecha es que durante la vista oral la concentración del juez, cuyas pupilas estaban muy dilatadas, se restringió a las pantorrillas de la fiscal. El resultado, una inesperada sentencia absolutoria que sorprendió más que a nadie a mi defendida, quien abalanzándose sobre el juez le estampó un beso en los labios.

     
  • POR HABILITAR

    Alejandra Rusell Giráldez · Tui, Pontevedra 

    Siempre fui un tipo reservado, de pocas palabras, no obstante cuando me pongo la toga, me transformo y las palabras salen de mi garganta como guiadas por una fuerza superior, con una retórica exquisita, ejecutando unas defensas implacables.
    Mis peores sospechas se hicieron realidad. Cada vez con más frecuencia, cuando me quito la toga, pierdo concentración, tartamudeo, mis hombros se inclinan ligeramente hacia adelante y me vuelvo un hombre taciturno carente de autoestima.
    Es por ese motivo, su Señoría, por el cual no me quito la toga ni para dormir. Ruego me declare inocente de los cargos de los que se me acusa.
    ¡No soy ningún exhibicionista! espetó, con las pupilas dilatadas de la emoción, mientras me llevan esposado.

     
  • Mi especialidad

    Carlos Rísquez Palomares · Jaén 

    Ni el derecho penal, ni el procesal, ni siquiera la extranjería son mis especialidades como abogado. Mi mayor habilidad consiste en fijar la mirada con concentración en las pupilas de otra persona para conocer al instante si es inocente o culpable. El reservado joven que se presentó aquella tarde en el despacho pasó la pertinente prueba con sobresaliente, inocente, aunque las pruebas apuntaban a lo contrario. Todas las sospechas recaían en él, sería una presa fácil para el fiscal. Aquel hombre simplemente me estaba habilitando para que le ayudara a ser derrotado con dignidad. Peleé en la sala con la desesperación y la rabia de quien nada tiene que perder, con una obstinación impropia para un caso tan modesto. Por supuesto, perdimos el juicio. Dos meses después, el socio de mi cliente confesó el delito por el que le habían condenado. Por algo mi especialidad son las pupilas.

     
  • SELFIES

    Manuel de la Peña Garrido · Madrid 

    Siempre albergué una sospecha: mi pasión por los bichos me haría ganar sentencias. Acerté dedicando más concentración a los documentales zoológicos que a los manuales jurídicos. Luego descubrí que no hay mejor pasante que una buena mascota. Tuve un perro picapleitos. Marcaba exitosas estrategias moviendo el rabo, pero su formación jurídica, tan ortodoxa, acabó por tornar previsibles mis alegatos. A costa de habilitar espacios reservados en el despacho, decidí incorporar ejemplares exóticos, sabiendo que aportarían la genialidad necesaria para triunfar en el foro. Mi abogada favorita es una mona indonesia. Al pelo me vino el caso del¡€™Selfie del Macaco?. Cuando mi mona oyó al defensor del reportero sostener lo imposible de un autorretrato animal sin ayuda humana, me arrebató la tableta, saltó al estrado y se hizo un selfie ante el juez. Manías de la especie. La sonrisa simiesca y las pupilas atónitas colmaron los medios durante semanas.

     
  • Rectitud trabajosa

    Juan Manuel Chica Cruz · ébeda (Jaén) 

    Los principios tan rectos con que le educó su padre para un abogado de tanto prestigio suponían un dilema. Nada más albergar sospechas sobre la inocencia de su defendido o pensar que a la otra parte litigante le asistía más razón moral perdía concentración en el proceso, tanto que, finalmente salvo empeño del juez, solía perderlo. La solución para evitar traicionar a sus principios o a sus clientes aún siendo muy reservado para sus cosas la halló en su pupila y en habilitar un despacho contiguo al suyo. Nunca pudo imaginar la nieta que le debiera tanto trabajo al abuelo.

     
  • FUMI

    ISABEL LABORDA IBAí‘EZ · Zaragoza 

    Tras años trabajando en el turno de menores, tuve la sospecha de que Fumi no se presentaría a la vista. Los esfuerzos por ganar su confianza se me antojaban baldíos como los del equipo, la juez y fiscalía. Fumi fue raptada con 11 años de Nigueria, traída en patera y abandonada en las calles de Almería. Aprendió a sobrevivir sin confiar en nadie, sin cariño, entre los desechos de una sociedad auto-complacida, robando y hurtando a los que tenían lo que para ella era inalcanzable. Tenía reservado aquel cigarrillo por si no venía. Un último vistazo a ambos lados de la calle y lo encendí. Habilitar mi viejo vicio me ayudaría a recuperar la concentración. - Hola abogada. Aquella pequeña figura de ébano me miraba con una sonrisa dibujada en su todavía infantil rostro. - Tiene roja la pupila. - Es por el humo -contesté y entramos.

     
  • EL ÚLTIMO CASO

    Armando Cuevas Calderón · MADRID 

    El viejo abogado miró detenidamente al ojo derecho del joven esperando distinguir una dilatación en su pupila que le indicara la mínima sospecha de que mentía, pero esta permaneció inalterable. —Y esa es toda la historia —concluyó arrellanándose en el sillón. —Ya —musitó el abogado sin perder la concentración. —Hay una cosa que no entiendo. Usted es un abogado famoso, según me han dicho el mejor… y el más caro. Yo no soy uno de esos ricachones a los que suele defender, solo un desgraciado incapaz de pagar un minuto de su tiempo. ¿Por qué le interesa mi caso? —Será mi último cliente. Me retiro. Tómelo como un regalo de despedida que le ha caído del cielo. Eso dijo, y era verdad, pero se había reservado decir lo más importante, que después de tantos años defendiendo a culpables deseaba sentir la satisfacción de habilitar, por fin, a un inocente.

     
  • PATRONO

    Fernando Pascual Bravo · Madrid 

    Aquel magnífico, concienzudo y reservado abogado sufría cuando le señalaban una vista pública. El juicio oral era para él sospecha y seguridad de perder la concentración que demostraba en los trámites escritos. La exhibición de oratoria no iba con él. O lo superaba o tendría que renunciar a esta faceta profesional. Resuelto a acabar con dicho problema, decidido a habilitar su profesionalidad y oficio, viajó a Praga, llegó al Puente de Carlos y se arrodilló ante la estatua de San Juan Nepomuceno. De hinojos, pasó horas y horas. Sus pupilas quedaron fijas en dicho Santo, al que rezó, suplicó, lloró y prometió… hasta que la lluvia sustituyó al sol y, calado hasta los huesos, llamó la atención de la Policía y viandantes. Los policías trataron de convencerle de abandonar lugar y postura. Se negó, protestó y se justificó: “San Raimundo de Peñafort no me ayuda, cambio de Patrono”.

     
  • LEER OJOS

    Maribel Romero Soler · Elche (Alicante) 

    Después de veinticinco años en el ejercicio de la abogacía, Alfredo Pérez ha descubierto que la mejor máquina de la verdad es la pupila humana. Ante la sospecha de que un cliente le está mintiendo, solo necesita un poco de concentración y estudiar con detalle el centro de su mirada. Nunca falla. «Podías habilitar un reservado en tu bufete para leer ojos —le dicen algunos colegas medio en serio medio en broma—, ¿no hay gente que lee manos? Igual te forras». Alfredo no hace demasiado caso y sigue utilizando con destreza su prodigioso don. Pero ¿qué ocurrirá cuando se dé cuenta de que el procedimiento no solo funciona con sus clientes, sino que también lo hace con jueces, fiscales, abogados contrarios..., incluso con su mujer? A partir de ese momento ya nada será lo mismo.

     
  • En un cuerpo ajeno

    María Antonia Lucas Amate · Madrid 

    Siempre he tenido la sospecha de vivir en un cuerpo ajeno. No es nada sexual, sino algo más metafísico o espiritual. Creo que en otra vida fui abogada y esa profesión de mi yo anterior me posee día a día y no me deja desempeñar mi trabajo. Siendo profesora de guardería, es difícil que tus alumnos entiendan tener que habilitar una sala para decidir si Juanito es culpable de haberle quitado el juguete a Pepito y escuchar declarar al resto de los niños, en lugar de estar jugando. Hace poco fui a una sesión de hipnosis reservada meses atrás. Tras unos minutos de concentración, mis pupilas se dilataron, empecé a ver chiribitas y caí en un trance que me transportó al pasado. Allí estaba yo en el estrado, con mi vestido de época, dando una elocuente disertación ante el jurado. Desde entonces me pregunto... ¿por qué no estudié derecho?

     
  • El mago

    Lucía Damacela · Singapur 

    ¡Otra vez de juerga! Las pupilas dilatadas te traicionan. Tenía la sospecha de que me habías reservado una sorpresa para el día de tu aparición en corte. Sabes que ésta es la última vez que te represento. He decidido enfocarme en el mundo corporativo para dejar de defender a gente como tú. No he podido hacer ninguna diferencia contigo; cada vez que te saco de un lío sólo he logrado habilitar una nueva escapada tuya. Por lo menos debo hacer algo de dinero ¿no crees? Se lo debo a tus nietos. A propósito ¿cuándo los vas a visitar? Sabes que te adoran y te extrañan. Como yo cuando era niña. Mago con objetos y con palabras. Tu supremo acto de magia fue desaparecer de mi vida, y luego reaparecer como truhan de pacotilla. ¿Me escuchas? Tu falta de concentración me enerva… Por favor, guárdate las lágrimas para el juez.

     
  • OBSESIVA VOCACIÓN

    ISIDRO CATELA MARCOS · MADRID 

    La primera sospecha la tuvo mi tutora de Bachillerato. Yo era un muchacho reservado, que no destacaba por su excesiva concentración en nada. A todos les decía que quería ser futbolista, pero nadie se lo creía. Me explicaban Matemáticas y aprovechaba las gráficas curvas de las integrales para dibujar togas. Me explicaban Geografía e inventaba un punto grueso en el centro donde situaba la Ciudad de la Justicia. A mis compañeros les llamaba señorías y en cuanto se descuidaban aprovechaba para habilitar un bufete improvisado en los pasillos del instituto. Por eso, cuando en Literatura estábamos midiendo versos con la clásica cantinela de Bécquer, yo, entre las carcajadas de todos, en realidad declamé: “¿Qué es un abogado? – dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul-. ¿Y tú me lo preguntas? Abogado eres tú”.

     
  • Suicidio frustrado

    María del Mar Braza Claver · Cádiz 

    Lleva un cuarto de hora callado, mirando con concentración sus zapatos, como si en ellos se hallaran las respuestas a las preguntas que flotan silenciosas en el aire. Lo cierto es que siempre fue muy reservado aunque jamás albergué la sospecha de que pudiera hacer algo así. Cuando me acerco alza la mirada, clavando en mi pupila una mirada indiferente. Desde que le quitaron el arma, impidiéndole suicidarse, y lo encerraron en aquella habitación que habían tratado de habilitar como cárcel, parecía como si todo su ser hubiera desaparecido, dejando tras de sí un cascaron vacío. —¿Por qué lo hiciste?—le pregunto con voz ronca, tratando de pensar cómo defenderlo ante el juez. —Porque no podía vivir sin ella y lo cierto es que ya estaba cansado de vivir—me responde con una sonrisa hueca, con sus manos manchadas de la sangre de su mujer. A veces me gustaría no ser abogado.

     
  • Vendetta

    MARIA VICTORIA PERDOMO GÓMEZ · LAS PALMAS DE GRAN CANARIA 

    Poseía una filantropía eclipsada desde la cuna. Reservado de cualquier atisbo de humanidad obscurecía la vida de sus allegados dotándoles con un calvario velado cada día. Los correazos despiadados fueron marcas grabadas en aquellas dermis y así como en testimonios silenciados por la codicia. De aquel cadáver poco se conocía salvo su pasión por la crueldad. Una hiena nutrida de poder. Que su lengua hiriente quedara sepultada para los restos no era más que una quimera para las víctimas de su empequeñecida alma. Su pupila vacía entonces dejaría abierto un costal por el que asomó una sospecha enmudecida. Esta muerte meditada había propiciado la concentración caótica de algunos transeúntes que pasarían a habilitar la lista de testigos presenciales y protegidos de dicho suceso. El funeral fue íntimo. Solo un pariente lejano con barba de corte siciliano al que todos relacionaron, probablemente conmocionado, balbuceó entre dientes: “Non siamo niente”

     
  • Contén la respiración

    Vanesa Martín Hernández · La Laguna. Tenerife 

    En el reservado mi concentración era máxima, unas gotas de sudor me bajaban por la frente. Estaba delante de un hombre que podía ser capaz de cualquier cosa. Su mirada me asustaba, la pupila totalmente dilata fija en mí. Unos grandes cercos negruzcos en su ropa reflejaban la tragedia. La policía se había quedado fuera del calabozo. Tenía la sospecha de que ante mí, estaba el hombre que había asestado cuarenta puñaladas a su esposa. Un escalofrío me subió por la espalda, no pude habilitar a nadie para que lo asistiera en mi lugar. Estábamos frente a frente. Sin esperarlo se levantó, pensé en gritar, pero ningún sonido salió de mi garganta. Quería huir de allí, pero el detenido bloqueaba la entrada. De repente, cayó de rodillas y cual niño pequeño empezó a llorar. Respiré hondo y me relajé, ahora si podía ejercer su defensa.

     
  • ASÍ NO MÁS, ABOGADO

    Carlos Castrillón · Medellín (Colombia) 

    Habían sido treinta y tres años en el ejercicio del derecho como litigante y siete más como fiscal y juez. Sentado, detrás del clásico escritorio, se le notaba cansado. Reservado, miraba la calle a través de la ventana del despacho. Su vida parecía un viejo y pesado volumen de códigos, leyes y normas. Ejercía la abogacía con apatía. Le era indiferente si ganaba o perdía pleitos. El prestigio adquirido le proporcionaba suficientes, jugosos negocios. Dos laboriosas secretarias y dos pasantes sacaban adelante los procesos. Se limitaba a supervisar, firmar. Pero él obtenía los laureles como abogado. Carecía de vitalidad para habilitar la brillantez del jurista de antaño. Tenía la recóndita sospecha de estar acabado, consciente de haber perdido la concentración. Era el momento del retiro. Comprendió que cuarenta años de ejercer la abogacía, habían sido suficientes para perder la pupila: "no saber ya qué era de verdad un abogado".

     
  • EL ABOGADO Mágico

    ANA MARIA GAMBOA MONTE · MADRID 

    El abogado mágico es clarividente: Sabe de antemano el futuro de cada caso. ¿Cuándo será el juicio? ¿Durará mucho el pleito? ¿Viviremos para ver la sentencia? Siempre sabe qué contestar y nunca falla. Aunque por empatía con sus colegas es contrario a habilitar judicialmente el mes de agosto, El Abogado Mágico no se estresa, ni tiene vida propia, ni necesita vacaciones. Sin demasiada concentración El Abogado Mágico es infalible, siempre encuentra la jurisprudencia que se adapta como un guante a cada caso. Donde clava su pupila allí está la sentencia perfecta. El Abogado Mágico hace milagros. Aunque tenga la sospecha de que su cliente pudiera estar arruinando su propio caso, él siempre sale victorioso. El Abogado Mágico ha reservado en su corazón un espacio solidario para luchar por el acceso igualitario de todos los ciudadanos a la justicia, sin tasas y gratuita para los más necesitados. ¡Es un superhéroe!

     
  • JUSTICIA AUTOMÁTICA

    JUAN ANTONIO PEREZ MORALA · MADRID 

    La sala de vistas estaba informatizada hasta el desiderátum. La concentración de medios ofimáticos en el entorno reservado al tribunal y letrados, levantó mi sospecha de estar transcendido en el tiempo. El secretario judicial me identificó pasándome un lector por mi pupila derecha. El fiscal recibió, textualmente, luz verde y, sin mediar palabra, introdujo los hechos, operando una consola; después, tecleó los artículos del código penal que configuraban el delito y su pena, adjuntando una cualificada jurisprudencia homologada en la intranet judicial. Tras habilitar la tecla precisa, su exposición apareció en las pantallas del magistrado, secretario y defensor. Era mi turno, pero mi razón se negaba a tan deshumanizado procedimiento. Recibí un aviso, una amonestación on line, con fecha y todo: junio de 2028. Me percaté del dato, y mi rebeldía creó y pulsó la tecla: “letrado sobradamente jubilado”. Mi cliente se salvaba así de la justicia automática.