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IX Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

El más votado por la comunidad

avatarEstrategia de andar por casa

Mario Chaparro Yedro · Madrid 

Llegaba tarde a la oficina y por eso cogí un taxi, como si intentara enmendar la plana de mi incumplimiento. Como una especie de absolución sacramental. Ingresé por la puerta principal del edificio, acalorado, exaltado, y más aún tras comprobar que se me había olvidado en casa la tarjeta de acceso. Disimulando me dispuse a ejecutar lo que alguna vez oí en los corrillos de los abogados más bisoños: el torno de seguridad de la derecha se abre sin necesidad de pasar la tarjeta. Funcionó y entré. Me sentía como un maleante. No como ese engominado que acaba de leer en el móvil que iban a enchironar por no sé qué delito contra la Hacienda Pública, sino como un presunto delincuente de medio pelo. Entré en el ascensor, junto a un socio y su fiel feligresía. Al salir me tropecé con un taburete. Rieron disimuladamente, pero no lo suficiente…

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Relatos seleccionados

  • avatarABUSO DE PODER

    José Luis González Martínez 

    Me largo. Me voy a donde pueda sentirme apreciado. Desde que apostaste por montar tu propio bufete, el choque de trenes estaba cantado. Prefiero gestionar los sentimientos y emociones de algún vulgar maleante que los de un letrado abusón como tú. Aun así, me voy con la seguridad del deber cumplido. Mientras estás encerrado en el despacho, buscando investigar asesinos en serie o simplemente alguna presunta infracción administrativa, a mi me toca abrirme paso en vuestros estados emocionales para arreglar tus difíciles relaciones con Adela, con tus hijos y, hasta con tu suegra. Pero la verdadera causa de extinción de nuestro contrato es el abuso de poder. Pienso denunciarte por incumplimiento del “todo a medias”. Mientras tú dispones de un potente ordenador con dieciséis gigas RAM y un sillón reclinable, yo tengo que analizar mamotretos científicos de Freud, Jung, Maslow y otros, sentado en un miserable taburete sin respaldo.

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  • Imagen de perfilCORAJE

    M.Salvador Muñoz 

    Todas las variables se hermanaban para que se convirtiera en un maleante. Nacido en una barriada marginal, maltratado por sus padres, ninguneado por el mundo. En el colegio su baja estatura propició que le llamaran Taburete, sus compañeros se burlaban y le acosaban. La soledad le arrastró a que abrazara la seguridad de los libros, con ellos lucharía por su vida. La presunta víctima se reveló y forzó el incumplimiento de su destino.

    El tiempo ha pasado como un huracán por su vida, y hoy, Taburete, ocupa una silla como magistrado en el Tribunal Constitucional.

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  • avatarDeformación profesional

    María O´DONNELL ARMADA 

    Como cada jueves, después de comer, Carmen y Maite Aguado veían la telenovela en la cocina.
    -Rosita, te lo suplico, dame una oportunidad, no soy ningún maleante.
    -Déjalo ya Carlos Manuel, lo nuestro es imposible: robaste la esmeralda de la doña y ahora papito está preso, como presunto culpable.
    -¡No es verdad, no la robé!- dijo el galán cogiéndole el brazo- pero tú mentiste al acusarme de malos tratos.
    -¡Basta Carlos Manuel o llamaré a seguridad!.
    Carmen se movió en su taburete: “¡no lo hagas Rosita, le detendrán por incumplimiento de la orden de alejamiento! “.
    A lo que Maite añadió: “y si él prueba su inocencia, acusarán a Rosita por denuncia falsa.., mal asunto”.
    Sonó la melodía del final y Carmen apagó el monitor. Entonces las hermanas, famosas abogadas penalistas y socias, se dirigieron al despacho esperando impacientes el capítulo del próximo jueves.

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  • avatarLa estudiante incansable

    BEATRIZ RABASA SANCHIS · Valencia 

    Desde pequeña había querido ser abogada, y para conseguirlo se dedicó al estudio con pasión. Su imaginación volaba y se veía ejerciendo con seguridad, ganando pleitos, defendiendo a las víctimas y castigando a los maleantes. Pero, las cosas se truncaron pronto: su padre les abandonó en un presunto ataque de locura, cautivado por los encantos de una jovencita. Su madre enfermó del disgusto, y ante el incumplimiento de la obligación de pasarles el padre la pensión acordada, ella tuvo que dejar los estudios y ponerse a trabajar como cajera.
    Poco a poco, la madre desengañada fue perdiendo la cordura, y durante las noches interminables gritaba el nombre del marido prófugo con la esperanza de poder recuperarlo. Solo había una cosa que la calmaba: la letanía de los artículos del Código Civil que su hija recitaba de memoria sentada en un taburete al lado de su cama.

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  • Imagen de perfilPANTONE 188C

    Javier Puchades Sanmartin 

    En el caso de mi cliente todo era circunstancial. Era circunstancial que estuviese fichado como maleante juvenil.

    Que tuviese varias denuncias por incumplimiento de la orden de alejamiento. Nadie podía afirmar con seguridad haberlo visto allí, la noche de autos.

    Que apareciesen sus huellas en el taburete con el cual destrozaron la cabeza de su exmujer. Era su casa, era su cocina, era el lugar donde él se había sentado a cenar mil noches.

    Que encontrasen aquella mancha roja en la lengüeta de una de sus impolutas zapatillas blancas. Él juraba que se correspondía con un colorante utilizado en su último trabajo como diseñador gráfico.

    Pero desde que aquel punto rojo dio positivo al luminol, las circunstancias cambiaron. Y cuando se confirmaron las pruebas de ADN con la sangre de la víctima, en ese instante pasé a defender a un presunto culpable de asesinato en primer grado.

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  • avatarDemasiado tarde

    Lita Rivas Folgar 

    De paseo por la orilla del mar, me encuentro una botella a la deriva, que contiene un mensaje. Leo: Me tildan de maleante y asesino y; en mi defensa, solo puedo alegar que he incurrido en el incumplimiento de la ley, apropiándome de algunos acres de las tierras de mí vecino; de viaje en otras lides.
    Pero juro, por Dios todopoderoso, que no le he quitado la vida. No me creen… y paso de presunto a flagrante asesino.
    Mi abogado lucha por mí, con una voluntad encomiable, pero sin resultados. Temo por mi seguridad. Me llamo George Williams. Inglaterra. Año de Nuestro Señor de 1674 y espero que alguien lea esta misiva y sepa que no soy un criminal, y que lo último que veré será el taburete donde apoyaré mi cabeza; antes de perderla.
    Yo, abogado de prestigio, increíblemente comparto apellido y país… Pero llego tarde a su defensa.

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  • avatarNiños de la llave

    José Manuel Pérez Pardo de Vera 

    En verano solía dedicar las tardes a preparar mis intervenciones orales ante los Tribunales. Conclusiones, alegatos finales. La calma aletargante de la canícula parecía propiciarlo. Pero aquel día me fue imposible. Obstinados destellos se habían propuesto boicotear mis dotes persuasivas. Aquel presunto incumplimiento contractual debería esperar.

    Provenían del piso de enfrente. Entre las rendijas de la celosía, se presentían unas temblorosas piernas infantiles, que, con temerario desprecio por su seguridad, encaramaban sobre un taburete a dos grandes ojos oscuros. Mitad implorantes, mitad curiosos.

    Hoy le cuento entre mis alumnos en vacaciones. Junto con otros chavales que también emiten destellos. Los del sol al reflejarse en las llaves que penden de sus cuellos mientras sus padres trabajan.

    Me gusta pensar que les alejo de cualquier desalmado maleante. Y, mientras les miro, recuerdo, con distancia de siglos, que en la Antigüedad muchos grandes abogados un día fueron niños en clase de oratoria.

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  • Imagen de perfilAnonymous togado

    Juan José Castillo Peñarrocha 

    Mi rostro nunca fue el espejo de nada, pero siempre tuve cara de malo. Lo sé.
    Cualquier incumplimiento ajeno era automáticamente achacado al chaval con cara de maleante, al de la cicatriz como de cuchillada. Siempre fui el presunto culpable de toda fechoría juvenil sobrevenida en la ciudad.
    Descartado el sacerdocio, intenté labrarme con la abogacía una imagen tranquilizadora y respetable: sólo conseguí una patibularia cartera de clientes, confiada en la dudosa eficacia de un togado que infundía miedo.
    Mi hermosa elocuencia nunca consiguió compensar mi aterradora mirada de soslayo sobre mi cicatriz de navajero. Y mi preciado diploma terminó archivado en el tabique del olvido.
    Hoy, por fin, he reencontrado la seguridad sobre un taburete. Ataviado con toga y máscara Anonymous, soy el monologuista estrella del Club de la Comedia. Mi elocuencia al servicio del humor, de la felicidad efímera.
    Ni el peor tugurio osaría desprenderme de mi máscara.

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  • Imagen de perfilMisión casi imposible

    Raquel Lozano Calleja 

    Como un maleante de tres al cuarto, acecha expectante que los sistemas de seguridad fallen por arte de birlibirloque. Se asegura de que los vigilantes del botín duerman profundamente y de que el perro que atesora la sala donde se encuentra la caja se entretenga con la pelota de colores que le lanza al abrir la puerta.
    Conoce la condena, no es su primera vez. Sabe que el incumplimiento de la Ley puede traerle severas consecuencias. A pesar de todo Marieta Ordóñez, hija del implacable Juez Ordóñez, aprieta con fuerza sus coletas y de un solo salto se aferra al taburete que le alcanza hasta el tesoro y se atiborra de bombones.
    Tras el atracón del siglo duerme plácidamente a sabiendas de que mañana tan solo será un presunto malhechor junto a sus cuatro hermanos.

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  • Imagen de perfilABOGADO 4.0

    CARMEN ANDREY MARTIN 

    "Jornadas sobre #RedesSociales: Problemática jurídica. Ciberdelincuencia", reza el cartel, de coloridos rótulos que aún no le resultan demasiado familiares.

    - Ese es...
    - ¿Otra vez papá? Facebook, ese otro Twitter...

    La sala de conferencias está a rebosar, su hijo incluso tiene que sentarse en un taburete. Se siente fuera de lugar entre tanto abogado joven y piensa cómo ha llegado hasta allí. Justo cuando empezaba a pensar en jubilarse, con un incumplimiento de pago de alimentos y la defensa de oficio de un maleante local como únicas preocupaciones, irrumpió en el despacho una madre angustiada, tachando de presunto acosador al ex-novio de su hija adolescente y temiendo por su seguridad. Su hijo entonces planteó una duda:

    - No sé si enfocarlo como "stalking" o "ciberbullying". ¿Qué opinas papá?

    Y él, que enseñó a su hijo a ejercer la abogacía, no tuvo respuesta.

    Tuvo que dejar la jubilación para más adelante.

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  • Imagen de perfilINCONTINENCIA VERBAL

    Luis Jesús Goróstegui Ubierna 

    Se presentó en mi despacho y me dijo:
    – Me han puesto una –¡renacuajo!– querella, abogado. Necesito que me –¡tontolaba!– defienda.
    – ¿Perdone? –logré preguntarle tras el shock inicial.
    – ¿Lo ve?, esto es lo que me pasa –¡susodicho!–, sin venir a cuento no –¡maleante!– puedo evitar decir alguna palabra –¡ornitorrinco!– incongruente. Verá usted –¡presunto!–, perdóneme otra vez, el otro día discutí con un –¡taburete!– vecino y con los nervios –¡alucinógeno!– del momento no pude evitar soltarle algunos improperios involuntarios. Él no me creyó cuando –¡seguridad!– me disculpé, y se ha querellado. Necesito que me –¡incumplimiento!– defienda.
    Mi cliente tiene un problema de incontinencia verbal. El juicio fue rápido aunque no pude eludir que tuviera que pagar una pequeña multa. En todo caso, ha sabido sacarle provecho a su problema. Ahora trabaja de monologista en un club nocturno; por lo visto a la gente les hace gracia su parloteo incongruente.

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  • Imagen de perfilOLFATO DE APRENDIZ

    María Dolores Navarro Esteban 

    Va para diez años que soy aprendiz de jurista. Y estoy contento con esta prolongada situación porque mi abogado-mentor y yo nos damos mutuamente seguridad en todo lo que emprendemos juntos. Y confío en que continúe contando por más años con mi olfato nato para autentificar a un presunto maleante, defraudador, …Y además seguir siendo su fiel amigo.

    Sin embargo, siendo cierto lo que cuento, también lo es que me quejo, a mi manera, de dos cosas: de no poder sentarme en un taburete junto a él mientras atiende a algún cliente, teniendo siempre que permanecer tumbado a sus pies bajo su mesa de despacho, y de no poder acompañarle en las vistas. Él arguye que no puedo asistir al juzgado porque con ello haríamos un incumplimiento de las normas. Mi olfato me dice que en verdad teme que me dé un pronto perruno y me ponga a ladrar.

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  • Imagen de perfilLEY 35/2015

    Ángel Montoro Valverde 

    Hizo trizas los 50 euros, cogió su varita mágica y ¡alehop! el billete como nuevo. Idéntica liturgia con el naipe quemado, del que, cual fénix, emergió una sota. Repitió la acción triturando una bombilla que tras el taumatúrgico gesto y para sorpresa del respetable, irradiaba una intensa luz, cuyo efecto cegador sirvió al ladrón para hacerse con aquel todopoderoso palitroque.

    El desconcierto en la sala era absoluto, pero con total seguridad conocí al momento la identidad del maleante más que presunto, cuando descubrí vacío un taburete de la primera fila. Corriendo subí hasta el camposanto iluminado por un cuarto menguante, y allí estaba Juanito, golpeando rabiosamente con aquel palo inútil la tumba de Alicia.

    Le abracé y lloramos desesperanzados, pues la varita del prestidigitador no resucitaba mamás y mi capa mágica de abogado sólo arrancará a la aseguradora del conductor bebido, coleccionista de infracciones e incumplimientos, un puñado de billetes.

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  • Imagen de perfilDar la talla

    Marta Trutxuelo García 

    ¡Deber cumplido!, pienso al bajar del estrado, y sonrío al recordar que fue un incumplimiento lo que me trajo hasta aquí. Desde pequeño quise volar alto: mi gran anhelo era mantener el orden y garantizar la seguridad, pero se vio frustrado por una pequeñez que me dejó a un palmo de lograr mi sueño. Había preparado las oposiciones a conciencia: aprendí de memoria toda la legislación, incluso la ordenanza contra vagos y maleantes que, aunque en desuso, tanto me fascinaba. Dominaba al dedillo todos los casos prácticos. En fin, que mi grado de preparación era muy alto. Pero incumplí un requisito... no di la talla... no alcancé la altura por poco, aunque sí llegué a culminar otro presunto nivel, el jurídico: estudié Derecho y cumplí mi sueño de defender el orden y la justicia, pero sin necesidad de ser guardia municipal, y aunque lo haga subido a un taburete.

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  • avatarLOCADEMIA DE ABOGACÍA II

    Eduardo Martín Zurita 

    «¿Taburetes, en lugar de pupitres, para impedir la relajación? Concurren otros incumplimientos. Menos estampas de San Raimundo de Peñafort por las paredes y más estar al corriente de las actividades de los alumnos. Tenga la seguridad, señor mío, de que hemos investigado a fondo. Ha sentado las bases, sin pretenderlo quizá, con sus incuestionables preparación y sabiduría, para que el más avieso de los piratas informáticos saboteara miles y miles de ordenadores, y para que hiciera de las suyas el urdidor de ingenierías financieras en los tejemanejes con los paraísos fiscales. No le extrañe que lleven semanas sin venir a clase esos maleantes nada presuntos. Traigo una orden de clausura y desalojo de la academia, la del microrrelato de abril de 2015. En cuanto a usted, señor director, ya se depurará su responsabilidad. Y... ¡hop!No ponga esa cara, que soy su alumno número tres con una máscara de látex».

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  • Imagen de perfilLibre absolución para la Reina

    JUAN LOZANO GARROTE 

    Por último, insistir, señoría, en la inocencia de mi cliente. En efecto, hasta el mismo día de hoy, no se le ha tratado como presunta culpable de una tentativa de homicidio, sino como una vulgar maleante. Se ha llegado a decir que era "La Reina Malvada". Pero no. Ella no puso esa manzana con la intención de cometer un crimen, sino en un puro afán científico. Fue su hijastra, Blancanieves, la que en un ejercicio de imprudencia, obviando las más mínimas condiciones de seguridad e higiene, cogió la manzana de la cesta. No se digno a ir al jardín y coger un taburete para encaramarse a un árbol. Quería lo fácil. No se preguntó si era comestible o no. No. Por tanto, no existe incumplimiento por parte de mi representada. Antes bien, se ha mostrado siempre enormemente diligente en sus funciones.
    Procede, pues, la libre absolución de mi cliente.

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  • Imagen de perfil¿CADENA DE FATALIDADES?

    María José Sánchez Martínez 

    Tras el incumplimiento reiterado de numerosas obligaciones como recluso y protagonizar, asimismo, una fuga al más puro estilo Alcatraz, a Bernardo se le buscó, sin éxito, por tierra, mar y aire. Mientras, sumergido en el jacuzzi de una suite de lujo, el menda se frotaba las manos escuchando las noticias sobre su famosa huida.

    Según él, que siempre creyó en la reencarnación, en su anterior vida había sido un maleante, pero en la actual apostaba por la seguridad de vivir conforme a los dictados de la ley.
    "Sin embargo, la mala suerte me persigue", reflexionaba.

    —No deberían llamarme ni “presunto” —le espetó al último policía que lo detuvo por volver a estar en el sitio equivocado, en el peor momento—. Como siempre, soy inocente. Todo se debe a una fatal coincidencia de circunstancias. Yo me limité a lanzar un taburete; fue mi abogado quien interpuso su cabeza en la trayectoria…

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  • avatarEstrategia de andar por casa

    Mario Chaparro Yedro · Madrid 

    Llegaba tarde a la oficina y por eso cogí un taxi, como si intentara enmendar la plana de mi incumplimiento. Como una especie de absolución sacramental. Ingresé por la puerta principal del edificio, acalorado, exaltado, y más aún tras comprobar que se me había olvidado en casa la tarjeta de acceso. Disimulando me dispuse a ejecutar lo que alguna vez oí en los corrillos de los abogados más bisoños: el torno de seguridad de la derecha se abre sin necesidad de pasar la tarjeta. Funcionó y entré. Me sentía como un maleante. No como ese engominado que acaba de leer en el móvil que iban a enchironar por no sé qué delito contra la Hacienda Pública, sino como un presunto delincuente de medio pelo. Entré en el ascensor, junto a un socio y su fiel feligresía. Al salir me tropecé con un taburete. Rieron disimuladamente, pero no lo suficiente…

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  • Imagen de perfilDefensa a sangre

    Juan Manuel Chica Cruz 

    Con seguridad, otro lío de drogas. No sé cuando pasó de maleante a delincuente. Matiz difícil de discernir como el paso del agua tibia a fría. Tampoco sé cuantas veces le evité la cárcel. Mis esfuerzos para dejarlo solo en presunto ahorraban sufrimientos a mamá pero daban más probabilidades de que regresara antes a la cárcel.
    Siempre decía igual: “Prometo ser bueno”. Y yo le creía.
    Esta vez fue diferente. Balbuceaba algo de un asesinato involuntario. Me miraba como cuando de pequeños hacía trastadas y durante la merienda sentados cada uno en un taburete decía: “Tú, calla. No se lo digas a mamá”.
    De eso pasaron treinta años y su promesa un eterno incumplimiento. Dejé de creerle, pero se agarra a mí como náufrago a un madero porque sigo siendo su hermano mayor. Miro al cielo y pensando en mamá le digo: “Prometo ser bueno. Tú, calla”. Soy tú abogado.

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  • Imagen de perfilJUSTINIANO BUTLER, ABOGADO

    Manuel de la Peña Garrido 

    Como muestra mi apellido, mis ancestros fueron exquisitos mayordomos. Un tatarabuelo, mayordomo mayor de la corte, llegó a sentarse junto al rey en taburete raso. Dicen que el asesino es siempre el criado principal. Absoluta falacia: mis antepasados, lejos de envenenar potentados, sirvieron fielmente a la Justicia además de a sus señores; resolvieron enigmas criminales y ayudaron a esposar a presuntos maleantes de toda laya. Quizá la genética explique mi conducta profesional. Trabajo en el despacho de un famoso abogado. Como mis familiares, defiendo la legalidad. A diferencia de ellos, no soluciono problemas domésticos de mi jefe, aunque le brinde ayudas más valiosas. Le regalo brillantes estrategias procesales, contundentes fundamentos jurídicos. Sin mí, él sería un mediocre picapleitos. Hoy tiene juicio. Demanda millonaria: incumplimiento doloso de contrato, acoso laboral, fraude a la Seguridad Social… A ver cómo se las apaña, solo, frente a mi reclamación. No aguanté sus injusticias.

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  • Imagen de perfilHISTORIAS DE MI BUFETE

    RAFAEL OLIVARES SEGUÍ 

    Recién licenciado, ante la imposibilidad de encontrar trabajo como abogado, decidí poner un bar, «Mi Bufete», en el que además de servir copas prestaría asesoramiento jurídico a los clientes que me lo requirieran. Una tarde, entre güisqui y güisqui, acodado en la barra y encaramado a uno de los taburetes, Ta Lee Lo, el empresario mayorista chino, me contó sus problemas con un individuo al que calificó de delincuente, sin tan siquiera anteponer la etiqueta de presunto. Rápidamente, con aplomo y seguridad, redacté un borrador de denuncia y le pregunté por los delitos e incumplimientos de la ley del interfecto.

    –¿Delitos?, ¿qué delitos? –me dijo sorprendido– yo solo te he dicho que es un maleante, que no deja de malealme pala que le pague lo que le debo.

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  • avatarLA DOMI

    Belén Sáenz Montero 

    De puntillas sobre el taburete, la Domi nunca imaginó que todo el trabajo invertido en desempolvar mis libros de Derecho acabaría con su analfabetismo. Yo tampoco. Las páginas susurraban ris ras al acariciarlas con el plumero, o cuando arrastraba el pulgar por el canto para sacudirlas. Tintineaban al caer al suelo los latinajos y se escurrían las jurisprudencias, pero ella lo recogía todo con cuidado y volvía a embutirlo entre las hojas abultadas. Así, sin querer, se fue aprendiendo el código penal y el civil al dedillo. Supo entonces que Paco el tendero —que siempre le daba mal las vueltas— era un maleante, pero que al comentarlo en el patio con las vecinas tenía que anteponer presunto al calificativo. Por su seguridad. Yo estaba orgulloso de ella, hasta que tanta erudición se volvió en mi contra. Solicitó asesoramiento en un foro de abogados y me denunció por incumplimiento de contrato.

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