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Lorenzo David Rubio Martínez 

Cada día me generaba más fatiga litigar por conseguir a mis clientes una mayor tajada de su divorcio, de un despido, del seguro… Estaba harto de llegar a casa a las tantas y no pegar ojo.
A veces me acordaba de esas noches que mi abuelo me dormía contándome inauditas aventuras de cuando, según juraba él, había sido pirata. Nunca le creí, pero me preguntaba si ese pequeño soñador hoy estaría orgulloso de trabajar como abogado. Algo me decía que mi destino era otro. Lo confirmé cuando sufrí la pérdida de mi padre y me dejó en herencia todo lo que guardaba del abuelo; entre sus pertenencias, un auténtico bergantín con una tripulación de corsarios dispuestos a zarpar conmigo. Le eché valor, me vestí con sus ropajes de pirata, compré un loro y, con sus mapas en mano, di un viraje a mi vida y partí en busca de tesoros.

 

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