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X Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

El más votado por la comunidad

Imagen de perfilUn caballero justo

María Sergia Martín González- towanda 

Fue entonces que la fatiga obligóle a entrar en la casa, quedando postrado en el lecho. —Traed a mi señora. Avisad al escribano, que es mi deseo testar y organizar mi herencia. Fenecieron los tiempos de litigar con molinos, mi querido Sancho, pero jamás los de ser un hombre justo. Emplea tu valor en proteger al desvalido, falto de recursos o víctima de desafueros. Sé valedor de la justicia, la libertad, la verdad… De rebato, irrumpió Aldonza con un infante en brazos. Los ojos llorosos del moribundo parecieron figurarse algo sorprendente. Ella asintió. Por dos veces. Visto el crío, visto el causante. A ninguno pasó desapercibida la prodigiosa semejanza entre ambos. Sin duda, sangre los emparentaba. —Hablad con Cervantes —dijo turbado—. Hacedle reinventar mi historia porque, finalmente, este loco halló heredero… Cuando exhaló su último suspiro, no hubo soflamas que paliaran el dolor del escudero ante pérdida tan singular.

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Relatos seleccionados

  • Imagen de perfilLAZOS QUE SE DESHACEN

    Pedro José Prieto Alvarez 

    Despechado vástago homicida prefiere sangre a litigar por la herencia. Un clásico de los que gustaban a Leo.
    Por eso, Baldomero Rajado tuvo que echarle valor para entrar a la siguiente vista. Eran más de dos decenios de asistir juntos a juicios como simple pasatiempo, por no olvidar la profesión, por sentir el plasma galopando las venas y ese pálpito desbocado, vértigo a ras de suelo, cuando abría la sesión Su Señoría. Otros jubilados miraban obras.
    Leonardo Estilete llegó a cuatro mil veintiuno, contando el de la fatiga repentina y tonta, antes del infarto. Desenlazado y triste pero tenaz, asumida la pérdida irreemplazable, Rajado atacaba el cuatro mil veintidós.
    Cuando empezó, el corazón de Mero iba tan despacio ya que se paró mientras el Secretario enunciaba las acusaciones.
    No habrá cuatro mil veintitrés.

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  • Imagen de perfilLa Confesión

    Luis Castilla Ortiz 

    Recibí la noticia de la muerte de mi padre en pleno juicio. Sin embargo, no tuve valor para dejar de litigar, era su legado y por eso, hasta que no terminó la sesión, no me pudo la fatiga y sentado en un banco también lloré su pérdida. Ella hace unos días, ahora él, ella un disparo en un atraco, suicidio él.
    Por herencia sólo me dejó la llave de su despacho, ese lugar sagrado para mí, al que no tuve valor de entrar hasta que su incinerado cuerpo navegó junto al viento cálido de la sierra. Abrí el cajón del escritorio y descubrí un sobre cerrado que estaba dirigido a mí. Impaciente lo rasgué y tomé la carta entre mis manos.
    La confesión fue un shock. No podía creer que mi padre hubiera sido capaz de aquello, pero el casquillo que rodaba en el cajón era la prueba definitiva.

     

     
  • Imagen de perfilCaperucita y sus juicios

    Jesús Marinetto Iglesias 

    La pérdida de la abuelita fue un varapalo para Caperucita, sus familiares y vecinos de la aldea. El primer asalto, después de un duro procedimiento penal, que acabó con la condena del lobo como autor de asesinato con alevosía, había llevado hasta la más absoluta fatiga. Litigar es para abogados, no para cazadores y leñadores. Aun así, en la aldea, se armaron de valor para afrontar el nuevo episodio judicial, en defensa de la pequeña de la capa roja: la impugnación de la herencia de la abuelita, que, para sorpresa de todos, dejaba la totalidad de sus bienes al feroz animal. Ni el más avispado abogado se atreve a especular sobre el final, pero una cosa está clara: ninguno será feliz ni comerá perdiz.

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  • avatarVEINTE AÑOS

    Miguel Angel Recuenco Gomecello 

    Años de práctica y hábito habían convertido su innegable talento para litigar en algo sorprendente y admirable en la profesión, fruto sin duda de la herencia genética de su padre, excelso Magistrado jubilado. A Ignacio del Real le sobraba valor para afrontar aquel episodio de su vida. Hacía veinte años que huyó de ese hombre, un desencuentro fatal que ahora se empeñaba en reunirles de nuevo veinte años después. Asumiría la defensa de su padre, acusado del homicidio imprudente de un ciclista, como quien supera una pérdida y se acostumbra a su ausencia, como si de un encargo más se tratara. ¿Qué más podía hacer?. Esa sensación, entre fatiga y debilidad, que en ocasiones se mostraba ante él desde hacía veinte años, emergía de nuevo, esta vez para quedarse. No sería más que un cliente, como tantos, se olvidaría de él tan pronto apareciese el siguiente, se dijo.

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  • avatarLOS COMIENZOS

    Eva María Cardona Guasch 

    Siguiendo a una chica, estudié Derecho. Me convertí en abogado cautivado por una historia.
    Recién licenciado, me dejó mi novia y no tuve valor para seguirla. Tampoco para opositar. Me acomodé como pasante en un bufete de aceptable prestigio. En aquel Madrid de movida y excesos, la nueva ley de divorcio ofrecía a los abogados una forma de ejercer la progresía. Pero el primer asunto importante en el que yo intervine tenía un aire clásico: una herencia, un apetitoso patrimonio, antiguos agravios y cuchillos en alto. Me dejé atrapar por aquel caso con tintes novelescos. La fatiga (mental y ocular) por largas horas de estudio de innumerables resultandos y considerandos mereció la pena. Ganamos el juicio aunque luego fui testigo de la pérdida irremisible del apego entre familiares supérstites. Entendí que litigar y ganar no implica necesariamente un final y mucho menos feliz. Aún así, me gustó. Continuará.

     

     
  • avatarPAN Y CIRCO

    José Luis González Martínez 

    Litigar es siempre difícil, y hacerlo en un divorcio, más complicado que repartir una herencia entre familiares mal avenidos. Y encima, este de hoy será una inexorable pérdida de tiempo, pues mi defendido, mujeriego impenitente, acaba de comunicarme su incomparecencia en un infame whatsapp. Un vestigio de valor me impulsa y logró recuperarlo camino del estrado. “Señoría, cliente desea justificar incomparecencia”, balbuceo con fatiga. “Su cliente se dedica a dar pábulo y distracción a televidentes aburridos; conque abrevie, letrado”. La fatiga se vuelve temblor y la lectura turbulenta: “Lamento incomparecencia, debo actuar famoso “dating show”. Sueño encontrar pareja definitiva”. “¡Abogado!”, el juez se exaspera “soñar con otra requiere despertar de esta, y eso no ocurrirá sin una fuerte indemnización por las labores domésticas. Conozco bien ese circo de los “dating shows””. “Yo, señoría, más que conocerlo lo padezco”, confieso. “Pero litigar es difícil. Y más con un hijo soñador empedernido”.

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  • avatarGolpes que aún duelen

    laura pilato rodríguez 

    Se armó de valor y se presentó en el bufete a la hora acordada.
    La muerte de su padre no suponía para él una gran pérdida, había sobrevivido sin su presencia desde los 15 años y ni una cuantiosa herencia haría cambiar su opinión sobre él.
    La viuda y sus abogados le observaban con recelo, temerosos quizás de que estuviera dispuesto a litigar y su bolsa de caudales pudiera verse mermada.
    Notó fatiga en el rostro de la mujer, la misma que él sentía de niño cuando su padre regresaba a casa.
    Pensó si las cosas habrían sido diferentes de ser ella su madre.
    La miró a los ojos, con frialdad, y salió del despacho dando un portazo.
    Las heridas ya no dolían, pero la puerta golpeándose tras ella, dejándolo en manos de su verdugo... aquel sonido seguía martilleando en su cabeza.

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  • Imagen de perfilFAMILIA

    María José Velasco Méndez 

    Don Mario volvió a mi despacho hace unos días. La fatiga había hecho verdaderos estragos en su marchito rostro. Apenas se apreciaba ya aquella luz en sus ojos que otrora me había hipnotizado cuando me visitaba para llevarle sus temas legales. Eran otros tiempos, no demasiado lejanos, pero otros tiempos. Tiempos que no presagiaban su gran pérdida y lo que vino unido a ella. Tiempos en los que jamás sospechó tener que litigar con su propia sangre para defender su única herencia; en los que ni siquiera cruzó por su mente la guerra que se avecinaba para poder salvaguardar lo único realmente de valor que le quedaba y deseaba: decidir dónde descansaría su amadísima Eva.

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  • Imagen de perfilEsta boca es mía

    Juan Antonio Vázquez Alcayada 

    Nació con un pan debajo del brazo y la capacidad innata para la interpretación que le dejó en herencia su padre, un cómico frustrado. La carrera de abogado llegó después por uno de esos extraños bretes de la vida.
    En su primer caso tuvo que litigar contra un poderoso bufete de una multinacional china; y perdió. Y así uno tras otro. Por eso aprovechaba los alegatos para, Stanislavski mediante, ensayar los papeles de las audiciones que le darían otra oportunidad en la vida y le alejarían sin pérdida de tiempo de aquel infierno de agravantes, venias, occisos y otros tantos del que siempre salía derrotado: igual interpelaba testigos envuelto en la fatiga de Segismundo, que exponía como Tartufo; o exhibía el valor de Hamlet al solicitar absoluciones imposibles. El caso era declamar, como Don Juan.
    Seguía sin ganar, pero al menos cuando terminaba toda la bancada se levantaba y aplaudía.

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  • avatarEL LEGADO DE BERNARDO

    Raquel Gómez Aldama 

    Tras su pérdida a Carla le invadió la sensación de fatiga propia de quien no encuentra ni consuelo ni refugio en el abrazo de la noche. La almohada insensible, otrora comprensiva y maternal, se había desentendido de su dolor y adoptado una textura rugosa y pétrea; abandonándola, cansada ya de asumir la responsabilidad de consultora y apaciguadora de los tormentos del alma. Si bien es cierto que Eduardo era un abogado familiar de renombre, a Carla le consumía tener que litigar contra quienes le desgarraban por segunda vez: la primera el vientre al nacer y en esta ocasión el corazón y el bolsillo. Una de las cláusulas de la herencia de su esposo Bernardo y la disconformidad de sus hijos eran el motivo del pleito, pero Carla nunca comprenderá cómo es posible que, siendo la muerte tan triste de por sí, Sara y Diego pudieran conferirle un valor tan trivial.

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  • Imagen de perfilEL SECRETO MEJOR GUARDADO

    Javier Puchades Sanmartin 

    La muerte de tía Tere supuso una gran pérdida. Sus sobrinos acudieron como buitres para escuchar la lectura del testamento al despacho del abogado Gutiérrez, que actuaba como albacea. La herencia era muy apetitosa. Todos estaban dispuestos a litigar sin fatiga para obtener el mejor botín.

    El abogado fue detallando la asignación del legado de la finada: Cuarenta millones de euros divididos en cuatro partes iguales. El ajuar doméstico y joyas para Anacleta y Anastasia. El palacio y terrenos adyacentes, libres de cargas, en condominio para Remigio y Segismundo.

    La cara de los herederos era todo un poema, no parecían felices con lo adjudicado. El albacea prosiguió: Mi bien de más valor, motivo de vuestras únicas visitas cada primer domingo de mes, dispuse en mis últimas voluntades que fuese introducido en mi ataúd e incinerado conmigo para llevármelo al otro mundo. Así, nunca sabréis la receta de mis famosísimas croquetas.

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  • Imagen de perfilCINCO MUJERES

    Teresa Gª Giner 

    Cuatro mujeres de negro permanecían en la sala de velatorio de D. Ilustre Puchades, abogado en ejercicio de la ciudad de Malvive, especialista en litigar asuntos indefendibles. La madre, la hermana, la esposa y su hija. El rostro de todas ellas reflejaba la fatiga de la jornada y el llanto por la pérdida sufrida.

    La única fortuna que el insigne abogado les había dejado eran un montón de deudas y, eso sí, su amor incondicional, que tenía más valor para ellas que cualquier otro tesoro, y que las mantuvo siempre unidas, a pesar de tener que soportar las adversidades que a menudo causaban las excentricidades legales de D. Ilustre, el “Quijote” de la Justicia, obcecado defensor de causas pérdidas.

    Cuando Dulce, la coqueta secretaria, entro a darles el pésame, las cuatro mujeres sintieron al unísono una punzada de tristeza, e inmediatamente entendieron que también deberían repartir su herencia con ella.

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  • avatarRuleta rusa

    Cristina Plaza Rodríguez · Madrid 

    -Siento mucho su pérdida...-comenzó diciendo el notario.
    -Sí, sí, déjese de rollos, ¿a quién le ha dejado la herencia y cuál es su valor?
    -¿Cómo puedes ser así? ¿Es que no sientes ni un poco de compasión por papá?
    -¡Por dios, que ya no te oye, deja de hacerle la pelota!
    -Oye yo paso de litigar eh.
    -¡Anda con lo que sale el otro! Tú cállate, si ni siquiera sabes lo que significa esa palabra.
    -Bueno yo no...pero mi abogado sí y me ha dicho que lo diga.
    -¡Alto ahí! ningún picapleitos va a meter sus garras aquí.
    -Perdón...siento interrumpirles...cuando dije siento mucho su pérdida me refería a...creí que lo sabían...qué fatiga...la razón por la que su padre se suicidó fue porque apostó todo lo que tenía al rojo y...en fin...ya pueden imaginar qué color salió.

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  • avatarPalabra de abogado

    Juan Miguel Gutiérrez Robles 

    Si alguna herencia hemos de dejar los abogados es un mundo mejor para nuestros descendientes y aunque me siguen temblando las piernas cada vez que me llaman del turno de oficio, en cuanto me siento frente a ella y dejo mi maletín sobre la mesa sé que no me va a fallar el pulso para litigar por su causa.

    Los signos de violencia en su rostro palidecen en comparación con la fatiga que transmiten sus ojos. Por fin ha hecho acopio de valor para salir del infierno en que otro ha convertido su hogar y, a medida que va desgranando su relato, mi bloc de notas se llena de argumentos en contra de aquel que se creyó mejor y más fuerte. Años de miedo, pérdida de confianza y sufrimiento silencioso tocan a su fin. Ese es mi objetivo, y lo voy a conseguir a cualquier precio. Palabra de abogado.

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  • avatarBalance positivo

    Carlos Alberto López Martínez 

    Tras la pérdida de la vida, la herencia de mayor valor que dejamos atrás es siempre nuestro recuerdo entre quienes nos amaron. No hay beneficio o patrimonio que supere la riqueza intangible del sentimiento de añoranza de una caricia bienamada, o del apoyo en los momentos de fatiga, duda o enfermedad, o del compartir la dicha y el gozo.

    Por eso, veinte años después de tu partida, cuando soy yo el que camina hacia el ocaso de la historia de mis días, paso junto a la sombra de la Catedral de Santa María de Tuy, que nos vio crecer, que contempló cómo nos juramos amor eterno, y me doy cuenta de mi fortuna: he sido un abogado del montón, de pleitos de los de andar por casa, de litigar nada espectacular, pero eso me ha permitido sostener una vida a tu lado; ¿Acaso podría haber llegado a ser más rico?

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  • avatarDemencia profesional

    JOSE LUIS COVES AMOROS 

    Aquel viejo abogado que tantas veces había defendido a sus clientes, una vez más debía litigar. Siempre fue uno de los mejores, nunca le pudo la fatiga. Afrontó con valor cada asunto sin juzgar a su cliente. Pero esta vez era distinto... el asunto se le iba de las manos; la herencia de tantos procesos hacían mella en su mente, precisamente en esta ocasión en la que debía defender el caso más horrible con el que se había encontrado en toda su carrera. Cinco compañeros de profesión, buenos profesionales y buenos padres de familia brutalmente asesinados. A pesar de ello ya tenía preparada su defensa. ¡Protesto Señoría! el testigo no dice la verdad. ¡Protesto Señoría! El perito no es especialista en la materia…Señor Sánchez, dijo el juez, provocará la pérdida de mi paciencia, es la quinta vez que interrumpe la vista, le recuerdo nuevamente que hoy es usted el acusado....

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  • Imagen de perfilEl retrato

    Marta Trutxuelo García 

    ¿Quién sería la mujer del retrato? Uno de tantos enigmas perdido entre sus útiles de pintura. Intenso y seductor, como las pinceladas de sus óleos, mi tío huía de la preocupación de cuestiones legales, para refugiarse en el estudio donde trabajaba sin fatiga. Yo era su única sobrina, la virtual heredera de su ingente obra. Tenemos tiempo, abogada, me dijo con una sonrisa ambarina tras la sombra de sus ochenta velas. Apoyada en la repisa de la chimenea donde descansa su urna tiemblo al leer los documentos que bailan entre mis manos: abintestato, herencia, litigar... ¿Quién tiene el valor de cuestionar mis derechos? Mi mirada se columpia entre la portadora del documento y la protagonista del cuadro que preside la estancia. El retrato, convertido en espejo frente a la joven, refrenda lo que el certificado de nacimiento declara. Descubrir el secreto de mi tío conlleva un precio... y una pérdida.

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  • Imagen de perfilUNA PERSONALIDAD ARROLLADORA

    Ángel Montoro Valverde 

    Inútil como una licencia de pesca en el Mar Muerto; un don nadie sin don, uno más al que no echaban de menos. Pero la vida de Anónimo Equis cambió radicalmente al litigar y adjudicarse la herencia de su tío, no sólo por el extenso caudal de su hijuela, sino también porque ese cero a la ultraizquierda pasó a ser considerado un referente comunitario.

    Asistiéndole como abogado, pude presenciar cómo era reclamado como “distinguido señor” por el flamante gestor de su cartera de valores; por su parte, el notario le llamó “causahabiente” y la registradora “titular de los bienes inscritos“. En el catastro de rústica aparecía como “terrateniente” y la directora del banco le recibió con honores de “cliente preferencial”. Posicionado socialmente, ese acumulador de títulos era feliz.

    Pero también fui testigo de su fatiga por disnea y pérdida de la consciencia cuando Hacienda le requirió como “obligado tributario”.

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  • Imagen de perfilEL REY DE LOS PLEITOS

    CARMEN ANDREY MARTIN 

    Fatiga visual. Manos sudorosas. Esa sensación de hastío, cada vez más frecuente. Al abandonar por fin la sala de vistas siente que su decisión es firme. Después de casi tres décadas dedicadas a la abogacía dejará de litigar y empleará su tiempo en contar historias. Aquellas que subyacen detrás de cada caso. Las emociones, los miedos de sus clientes, le servirán para perfilar sus personajes. Eso es. Se convertirá en un escritor de éxito, como muchos otros compañeros.

    Evoca sus primeros años, cuando era “Un abogado rebelde” ; rememora las veces que ha argumentado una “Legítima defensa” delante del Tribunal. "El cliente" que acudió a él desesperado por la pérdida de "La herencia". El valor jurídico de "La confesión". "El testamento". La importancia de pelear por una “Causa justa”.

    Resopla ruidosamente mientras sonríe para sus adentros. “Esto no será fácil. John Grisham ha dejado el listón muy alto. Sin duda”.

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  • avatar“CURIOSA HEREDERA”

    Ana Isabel Rodríguez Vázquez 

    Cuando aquel hombre de pelo cano y vestido con extrema pulcritud, entró en mi despacho, sentí la habitual fatiga y pérdida de color, que suelo padecer en estos casos.
    Redactar un testamento puede ser un tema delicado, pero el cliente tenía clara su voluntad.

    _"Mis hijos no tendrán que litigar por mis bienes. Recibirán la legítima, que es mucho más de lo que se merecen.
    Todo será para Atenea, mi única compañía en los últimos años.
    Compensaré generosamente todo el amor que me ha dado" .

    Intenté respirar despacio, me armé de valor para ocultar mi incomodidad, las manos me ardían, y comenzaron los picores y los estornudos.
    Mientras,en el regazo de mi cliente, aquella preciosa gatita siamesa, ronroneaba y se relamía como si supiera la suculenta herencia que le esperaba.

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  • Imagen de perfilUna defensa perfecta

    Avelino Sáez Hernández · Cádiz 

    -¿Cómo llevas la cárcel?
    -Bueno, la imaginaba peor. Aunque tanto gris me fatiga la vista.
    -Claro.
    -Me duele más la pérdida de mi mujer. No creyó ni un minuto en mi inocencia. Pero te juro que yo no maté a su padre.
    -Lo sé.
    -Oye, gracias por defenderme sin cobrar. No acostumbrarás a litigar gratis.
    -No, nunca lo hago.
    -Quién iba a pensar que mi suegro me dejaba tanto en su herencia.
    -Ese documento ya no tiene valor. Pero te incriminaba mucho, sí.
    -Y mi adn en el arma... Todavía no sé cómo llegó allí.
    -Alguien lo pondría. Alguien con acceso a tu saliva, a tu sudor…
    -¿Mi mujer? ¿Por la herencia?
    -Quizá ya tenía pensado divorciarse. Quizá le ayudó alguien.
    -¿Un amante? No, aun así les sería muy difícil controlar todo. El juicio, las pruebas...
    -Qué va. Bastaba con que el amante se encargara de tu defensa.

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  • avatarLA PARADOJA DE HELLPOP

    MANUEL MORENO BELLOSILLO 

    Las cosas no pintaban bien para los abogados desde que instalaron en los tribunales a los jueces-androide, justicieros robóticos desconocedores de la fatiga y el error. Su forma cartesiana, cuasimecánica, de resolver los litigios suponía una brusca pérdida de valor de la retórica y la elocuencia, herencia inmemorial de las artes liberales y armas habituales de los abogados para litigar. Parecía el fin de una antiquísima y noble profesión… hasta que un día Horacio Hellpop- el abogado de los casos extraordinarios- descubrió la paradoja explosiva. Después de un conceptuoso resumen de prueba terminó afirmando: «todas mis conclusiones son absolutamente falsas, incluyendo, por supuesto, esta última». El juez-androide trató de procesarlo, empezó a emitir un zumbido y a echar humo por las orejas hasta que su cabeza explotó. Después de ese incidente retiraron a todas las unidades androide y miles de picapleitos pudieron seguir desplegando libremente su arte por los Tribunales.

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  • avatarDe Alfonsito a D. Alfonso

    Mario Chaparro Yedro 

    La fatiga empezaba a subirse por las rodillas. Había que echarle valor para estar allí, con todo quisqui esperando a que el notario llegara. No recuerdo cuándo fue la última nochebuena que nos juntamos todos, pero ahora no faltaba ni uno. Hasta los más pequeños. Y todo por una herencia.

    Entró un tipo serio. No parecía de la familia, aunque yo ya no conocía a muchos. Era el notario. Soltó la típica perorata jurídica. Sonaba a ampulosidad y redundancia, pero todos asentíamos con la cabeza, aunque no entendiéramos ni media. Que si la legítima, que si pérdida, que si yacente, que si litigar. Lo dicho, ni papa.

    Pero todos queríamos lo mismo: que llegara el turno de la finca y dijera nuestro nombre.

    Alfonso Sánchez Sánchez, dijo con voz pontifical. Joder, ese no era de la familia. Era su cuidador, su centinela personal. El único que escuchó su último suspiro.

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  • Imagen de perfilLOS MEJORES AÑOS DE SU VIDA

    Esteban Torres Sagra 

    Señoría, no podía tolerar que esta herencia legítima fuese a parar a otras manos. Aunque fuese una pérdida de tiempo, volví a insistir a mi cliente en un lenguaje lo más adaptado posible a su condición. Le había dedicado al difunto los mejores años de su vida. En sus ojos intuí una fatiga crónica y supe que no comprendía en absoluto el valor de mis palabras y las consecuencias de sus actos. Para litigar en su nombre necesitaba un gesto, al menos, que me sirviera de autorización ante la sala. Por fin, tras un largo rato en silencio y un solomillo, conseguí esta grabación que aporto. En ella resulta meridianamente claro que Malaspulgas me autoriza a representarle con su ladrido anuente.

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  • Imagen de perfilEL DILEMA

    JUAN MANUEL RUIZ DE ERENCHUN ASTORGA 

    Cuando recibí en herencia un robot abogado pensé si era una broma. Corría el año 2132 y en la Tierra ya no había que litigar. Tras sangrientas guerras en las que la población quedó diezmada, los supervivientes expresaron una fatiga endémica a cualquier controversia. En pocos años se extinguieron los delincuentes, despidos, divorcios y pleitos. Los abogados se dedicaban a otros quehaceres y fueron sustituidos por robots, los cuales cayeron en desuso, pues estaban programados para asesoramiento, informes jurídicos y juicios.
    Intenté que mi robot abogado aprendiera a limpiar el polvo, pasar el mocho o cocinar una lubina, pero se mostró de lo más inútil. Un día, desesperado, por aquello de encontrarle algún valor, acuchillé a mi vecino. Entonces sí acudió diligente y me defendió con pericia. La pérdida del juicio, no impidió su recurso. Al final consiguió mi absolución. Pero lo desconecté tras ello. Prefería tenerlo como objeto decorativo.

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  • Imagen de perfil#WeToo

    Manuel de la Peña Garrido 

    De verdad te creíste que llegué tan arriba solo por mi talento? ¿Por mi herencia? ¿Porque mis antepasados fueran excelentes profesionales? ¿Por matarme a trabajar, inasequible al desaliento y la fatiga? Ahora conoces la verdad. Aún siento asco. Aquello superó con creces el “derecho a importunarme”, que dirían la Deneuve y las 99. Fui su presa más codiciada. Y hasta sufrí síndrome de Estocolmo. Pero no puedo hacer nada. Litigar sería inútil, una manifiesta pérdida de tiempo. Todo está más que prescrito. Y me falta valor para denunciarlo en las redes. Nadie me creería. Imagínate el panorama, tú que eres jueza. El escándalo en la prensa: “el famoso abogado acusa a la magistrada-estrella de abusos... ella dirigía el prestigioso bufete donde él comenzó su carrera”. Imagínatelo, tú, mi mujer. Y perdóname por habértelo ocultado hasta hoy.

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  • Imagen de perfilAl abordaje

    Lorenzo David Rubio Martínez 

    Cada día me generaba más fatiga litigar por conseguir a mis clientes una mayor tajada de su divorcio, de un despido, del seguro... Estaba harto de llegar a casa a las tantas y no pegar ojo.
    A veces me acordaba de esas noches que mi abuelo me dormía contándome inauditas aventuras de cuando, según juraba él, había sido pirata. Nunca le creí, pero me preguntaba si ese pequeño soñador hoy estaría orgulloso de trabajar como abogado. Algo me decía que mi destino era otro. Lo confirmé cuando sufrí la pérdida de mi padre y me dejó en herencia todo lo que guardaba del abuelo; entre sus pertenencias, un auténtico bergantín con una tripulación de corsarios dispuestos a zarpar conmigo. Le eché valor, me vestí con sus ropajes de pirata, compré un loro y, con sus mapas en mano, di un viraje a mi vida y partí en busca de tesoros.

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  • Imagen de perfilEternamente abogado

    JUAN LOZANO GARROTE 

    La herencia de Doña Faustina derivó en la angustia y una pérdida de mis facultades mentales. Cinco años enterrado entre papeles, asfixiado por un expediente interminable y obligado a litigar con hermanos, sobrinos, nietos, cuñados, madrastras, yernos, suegros. Después de todo, la fatiga casi gana a mi compromiso vocacional con la abogacía.
    Hubo días en que llegue a soñar con declaraciones de herederos y cuadernos particionales. No conseguía quitármelo de la cabeza. Formaba parte de mi naturaleza, se había adherido a mis pensamientos. Recuerdo haberle dicho a mí mujer, el día de nuestro aniversario, que la amaba, aunque solo llegase a ser usufructuaria de un tercio. Me miró con extrañeza y torció una ceja. Cuestión hereditaria, dije.
    Lo peor era pensar que Faustina solo peleaba por una cosa sin valor: la cajita de música de su abuela, vaya. Nada más. Y allí estaba yo. Abogado. Eternamente abogado.

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  • Imagen de perfilSe traspasa negocio por cuelgue de toga

    Alejandra Rusell Giráldez 

    Mis padres me han dejado una herencia de sentimientos encontrados. Por parte de madre, la sensibilidad por la música, siendo idealista y soñadora. Por el lado paterno, mi vocación de abogado, hombre justo y realista.
    La fatiga me embarga cada vez con más frecuencia cuando un cliente solicita mis servicios para litigar contra gente de su misma sangre por unas cuantas "perras" que ni siquiera se han currado. Si los muertos se levantasen, volverían de inmediato a la tumba.
    Algo que me venía rondando en la cabeza se materializa al ver tanta pérdida de valores.
    Un último vistazo al que fue mi segundo hogar durante 15 años. Cierro la puerta, cuelgo el cartel y con guitarra en mano me dirijo a la zona de los soñadores. Robarle una sonrisa a los transeúntes y que por un momento se olviden de sus preocupaciones, no hay dinero que lo pague.

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  • Imagen de perfilLa tierra de nuestros padres

    JESÚS LLOP PUIG 

    A su muerte, mi bisabuela María legó el herreñal a sus cinco hijos. Uno de ellos era mi abuelo Miguel, que por entonces aún no sabía que la herencia sería un pequeño lío. Y no porque les diera por litigar ni nada parecido, no. Sencillamente, no había forma de que se encontrasen para hablarlo. Estábamos en 1970 y no acechaba ningún peligro de pérdida de valor de la propiedad. Pero los cinco hermanos, que ya rondaban los sesenta, empezaron un día a pensar que tal vez no fueran a vivir siempre. Al final, ya por fatiga, contrataron a un abogado. “¿Qué es un herreñal?” fue lo primero que preguntó. “Un campo de forraje”, contestó mi abuelo. El letrado medió, ponderó, aconsejó…No hubo manera. Cuando ya empezaban a enfadarse, el ayuntamiento les hizo una oferta.
    Mi abuelo Miguel descansa en su pueblo: Cementerio del Herreñal, tumba número 17.

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  • Imagen de perfilBUSCANDO CAUSAHABIENTES

    RAFAEL OLIVARES SEGUÍ 

    Aquel bufete jurídico se había especializado en demandas masivas, como las de las participaciones preferentes, las de las cláusulas suelo o las de la estafa de los sellos, con notable éxito y sin gran esfuerzo ni fatiga. Ahora, sin pérdida de tiempo, se planteaban litigar por la, probablemente, mayor herencia de las últimas décadas. La peor dificultad estribaba en hacer llegar su propuesta a los miles de afectados, en un rango de edad entre los pocos meses y los cincuenta y tantos años, desconocidos y repartidos por todo el mundo. Pero le echaron valor con una campaña publicitaria en la que aparecía el causante señalando a la cámara y diciendo: «Hey! Tienes derecho y tú lo sabes».

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  • Imagen de perfilUn caballero justo

    María Sergia Martín González- towanda 

    Fue entonces que la fatiga obligóle a entrar en la casa, quedando postrado en el lecho.

    —Traed a mi señora. Avisad al escribano, que es mi deseo testar y organizar mi herencia. Fenecieron los tiempos de litigar con molinos, mi querido Sancho, pero jamás los de ser un hombre justo. Emplea tu valor en proteger al desvalido, falto de recursos o víctima de desafueros. Sé valedor de la justicia, la libertad, la verdad…

    De rebato, irrumpió Aldonza con un infante en brazos. Los ojos llorosos del moribundo parecieron figurarse algo sorprendente. Ella asintió. Por dos veces. Visto el crío, visto el causante. A ninguno pasó desapercibida la prodigiosa semejanza entre ambos. Sin duda, sangre los emparentaba.

    —Hablad con Cervantes —dijo turbado—. Hacedle reinventar mi historia porque, finalmente, este loco halló heredero…

    Cuando exhaló su último suspiro, no hubo soflamas que paliaran el dolor del escudero ante pérdida tan singular.

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