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28 septiembre, 2017 Gestión y Coaching

Gestiona tus emociones (II)

Blog Gestion y Coaching

María Antonia Carmona Por María Antonia Carmona
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Continuamos en este artículo con la exposición de técnicas para gestionar emociones, iniciada en el artículo del pasado mes de junio: Gestiona tus emociones (I).

  1. Asumir la responsabilidad en la gestión de nuestras emociones.

Evita atribuir la responsabilidad de tu malestar (rabia, ansiedad, tristeza, etc.) a la situación o a la persona que lo ha provocado y concéntrate en actuar sobre la interpretación y evaluación de esa situación, que es lo que depende en exclusiva de ti mismo/a. Estás esperando a tu procurador que se retrasa, estas nervioso y agobiado. De ti depende decidir cómo vas a reaccionar a esa situación: porque te agobies no va venir antes y que le eches una bronca cuando llegue no va a hacerte recuperar el tiempo y sí puede perjudicar tu imagen frente a él y tu cliente. 

  1. Evitar el “pensamiento rumiante”.

Este tipo de pensamiento consiste en dar vueltas, vueltas y más vueltas al hecho que acaba de pasar. Por ejemplo: Acabas de llamar a un cliente para recordarle que tiene pendiente el pago de tus honorarios desde hace 6 meses. El cliente, además de decirte que no te va a pagar, ha acabado diciéndote que no está especialmente contento contigo como abogado/a. Una vez que has colgado, has pasado toda la tarde pensando en este tema, dándole vueltas y más vueltas y calentándote más y más cada vez que lo piensas. Aquí lo importante es analizar: ¿Qué me aporta el pensamiento rumiante?, ¿Soluciona mi problema? ¿Mejora mi estado de ánimo? Evidentemente no, además que te lleva a una escalada de malestar. Ten en cuenta que cada vez que tienes pensamientos negativos tu cerebro genera cortisol, sustancia que provoca entre otros efectos: apatía, estrés, insomnio, bajada de defensas, etc. ¿Merece la pena?

  1. Aferrarte a lo que no puede ser.

Es muy importante que te fijes objetivos para conseguir lo que es importante para ti, pero si no lo consigues analiza cuál es la causa y si esta no es atribuible a ti, acepta la realidad. Por ejemplo: Te has  puesto como objetivo conseguir x clientes al año. Acabado el año, solo has conseguido un 60% de esos clientes y cuando analizas las acciones que has hecho, te das cuenta de que has hecho todo lo que estaba a tu alcance. Así que, en vez de focalizarte en lo que no has conseguido, pensar que tienes mala suerte y darle vueltas al hecho, focaliza tu mente en qué nuevas acciones puedes hacer  o en qué nueva estrategia puedes utilizar para captar clientes.

  1. Dejar de desear que las cosas sean como tú quieres que sean y no como son en realidad.

Desear que los juicios salgan cuando tú quieres; que te toquen los casos que te gustan, aquellos en los que puedes dar tu máximo potencial y brillar con luz propia, y no los que te tocan; que los clientes llamen cuando tú quieres y no en ese tiempo que tú te has reservado y estás concentrado en preparar un juicio y lo que menos necesitas y te altera es que te interrumpan con llamadas… Solo puedes controlar lo que única y exclusivamente depende de ti y querer controlarlo todo es una gran fuente de malestar.

  1. Querer que los demás sean como tú quieras que sean.

Que tu socio sea igual de ordenado que tú y que no tenga su mesa cual leonera, o que se reúna contigo en el momento en que se lo pides, querer que los clientes sean como tú quieres que sean (amables, buenos pagadores, sinceros y que no oculten información…). Respecto a las personas, te tocan las que eliges (un socio, a veces el compañero de despacho), o las que te tocan “sí o sí” (algunos clientes, un juez, el abogado de la otra parte). Ante esto, lo que sí te toca es gestionar las relaciones con todos/as de la manera más asertiva posible, para conseguir tus objetivos cuando puedas  y, si no puedes, aceptar personas y circunstancias llegando a compromisos. 

  1. Ahorrar energía emocional.

Antes de saltar ante un hecho que te produce una emoción negativa, pregúntate: ¿realmente esa persona o esa situación merece que yo me ponga así? O si ya se me ha disparado la emoción, hazte la misma pregunta para permanecer el mínimo tiempo posible anclado en esa emoción negativa. 

  1. Desarrollar acciones alternativas.

Cuando  te  encuentres ante una emoción intensa, para evitar explotar, puedes utilizar alguna de estas técnicas: contar hasta 10, practicar el mindfulness, hacer 5 respiraciones profundas utilizando la técnica 4-7-8 (4 tiempos para inspirar, 7 tiempos para mantener la respiración y 8 tiempos para exhalar), explicárselo a alguien de confianza, distraerte poniendo la atención en otra cosa –dar un paseo, ordenar el despacho, escribir lo que estás sintiendo, etc.-.

  1. Prevenir las emociones.

Analiza qué personas y situaciones desencadenan tus emociones negativas (se consciente de lo que sientes, con quién, cuándo y por qué lo sientes) y prepárate para afrontarlas.

A partir de ahora, dispones de un catálogo de acciones que te va a permitir  disminuir tus respuestas emocionales negativas. Gestionar las emociones, no es un camino  fácil, es un proceso que implica:

1º Conocerte: Tomar conciencia de cuál tu respuesta emocional ante situaciones y personas.

2º Evaluar cuáles son las consecuencias de “esas respuestas”: Ser conscientes de que una mala gestión de emociones pueden perjudicar tanto a tu imagen profesional (pérdida de credibilidad, dificultad para trabajar con otros…) como a tu bienestar emocional  (estrés, angustia, miedo, rabia, insomnio, irritabilidad…).

3º Hacer un plan de acción: Comprométete contigo mismo para poner en marcha acciones orientadas a gestionar tus emociones en tu día a día.

“No somos responsables de las emociones que sentimos, pero sí somos responsables de cómo las gestionamos y de las consecuencias que originan nuestras acciones”.

Maria Antonia Carmona Carles

TWITTER: @macarmonacarles

LINKEDIN: https://es.linkedin.com/in/maríaantoniacarmonacarles-18227437

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