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16 enero, 2013 Extranjería

“En tiempos difíciles…”

Pascual Aguelo

En tiempos difíciles como los que corren, convendría detenernos y hacer un reflexión y análisis de lo que es verdaderamente importante, de lo que ha venido ocurriendo y de lo que va a ocurrir.

Llevamos toda la vida escuchando que en la vida se dan ciclos que van reproduciéndose.

Hace apenas 8 o 9 años, nadie imaginaba la que se avecinaba, y nadie podía intuir que España pasaría en apenas una década de ser un país receptor de inmigrantes a ser nuevamente un país de emigrantes.

La necesidad de mano de obra extranjera a partir del año 2000 para atender las necesidades de nuestro explosivo mercado laboral en pleno y efímero boom inmobiliario, y que motivó sucesivos procesos de regularización de inmigrantes, parece hoy un espejismo.

Digo esto porque ahora “que nuestro sistema laboral no puede absorber el excedente de mano de obra nacional y extranjera” no debemos bajar la guardia y permitir que se manipule la realidad y se carguen las tintas contra los más inocentes. La falta de previsión de los sucesivos gobiernos y una política de extranjería de parches y sin rumbo es la responsable de la situación actual y a ellos es a quien deben exigírseles responsabilidades.

Durante la tramitación de las últimas reformas de la Ley de Extranjería, se rumoreaba que se trataría de regular “ la inmigración circular “, para facilitar la salida temporal de extranjeros y permitir su regreso ante determinadas coyunturas laborales y económicas. Sin embargo, más bien lo que se ha conseguido es que “circule la inmigración …, incluida la de los españoles “ .

Lo que realmente se ha hecho es forzar la salida de muchos extranjeros residentes, que cayeron en irregularidad sobrevenida por caer irremediablemente en situación de desempleo , que quedaron sin recursos para poder seguir pagando las hipotecas que los bancos alegremente les dieron y que hoy alegremente les desahucia. Y también forzar la salida de muchos nacionales, especialmente los jóvenes, en busca de un presente que en España ya no tienen.

En estos días atendí a una señora extranjera, da igual el país de origen y el color, que me contaba cómo su hija que llevaba cuatro años en España pasando todo tipo de calamidades y en situación irregular, había sido madre en España en 2011 e iba a regularizar su situación documental en breve. Sin embargo ella decidió marcharse de España voluntariamente, cuando los padres de un amiguito de la guardería a la que acudía su hija menor denunciaron a la Policía su situación irregular. La Policía se personó en la guardería y trasladó a la mujer a dependencias policiales, para instarle un expediente de expulsión. Lo que es repugnante de esta historia no es que la Policía incoara el expediente de expulsión, que está dentro de sus funciones y cometido legal, sino la actitud de esos padres que no dudaron en abusar de sus contactos en la Policía y provocaron un daño irreparable a la mujer y a su hija. No les gustaba que su hijo se relacionase con hijos de inmigrantes. Ignoran que el daño mayor se lo ocasionan a su propio hijo inculcándole semejantes valores racistas y xenófobos, especialmente en el mundo globalizado en que le va a tocar vivir.

Pues bien esa breve historia me sirve para recordar que muchos de nuestros compatriotas, solo los más valientes de los desafortunados que no tienen ni un presente ni un futuro en España, están haciendo las maletas en busca de un legítimo porvenir, mas allá de nuestras fronteras.

Ojalá nuestros compatriotas que se marchan en busca de un porvenir encuentren el apoyo de mucha gente de bien, dispuesta a echarles una mano y ayudarles a encontrar su presente y a recuperar la dignidad que perdieron en España, ante una situación tan adversa. Me consta que en España hay muchas personas anónimas, entidades, ONG, profesionales , instituciones privadas y también algunos entes públicos que han velado por el bienestar, los derechos y libertades de los extranjeros, y cuán útil ha sido esta labor para la integración de estas personas.

Quizás algunos de los españoles que se están marchando incluso hayan mantenido en algún momento un reprochable comportamiento respecto a los inmigrantes llegados a España, e incluso hayan achacado a ellos la falta de oportunidades laborales. No nos olvidemos que la mayoría de los puestos de trabajos que los extranjeros vinieron a cubrir a España en épocas mejores eran aquellos que los españoles no estaban dispuestos a aceptar: háblese del servicio doméstico, sector agrario, y otros trabajos pesados. Muchos españoles renunciaban a trabajos que solo los inmigrantes aceptaban, e incluso muchos españoles han preferido durante años vivir de los subsidios que trabajar.

Por ello sirva esto para reflexionar y que todos seamos capaces de empatizar y considerar por aquello de que los ciclos se repiten y que España vuelve a ser un país emisor de emigrantes, que quizás nosotros mismos o nuestros hijos tengan que emigrar en busca de un futuro, y a todos nos gustará recibir un trato correcto y adecuado. A ninguno de nosotros nos agradará recibir una llamada de uno de nuestros hijos contándonos que han sido denunciados por los padres de los amigos de sus hijos por carecer de la documentación en regla, pues entonces todos entenderíamos que hay límites que conviene no traspasar, y que desgraciadamente a veces solo alcanzamos a comprender cuando nos toca directamente a nosotros mismos.

 Bárbara Luna Macías. Abogada ICAS. Miembro de la Subcomisión de Extranjería del Consejo General de la Abogacía Española.

 

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